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Congreso cafetero

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El pasado congreso cafetero constituyó un hecho histórico, por cuanto terminó con la tradición de la unanimidad como la forma de adoptar las decisiones en el gremio cafetero, y pasó a ser regida por la regla sagrada de la democracia, que señala que la mayoría gobierna y las minorías respetan sus decisiones sin perder el espíritu crítico.

 
Si bien ésta es una institución en la que a sus agremiados los guía un interés económico alrededor del que siempre se ha encontrado la unanimidad, se ha mantenido alejada de ideologías e intereses partidistas, razón adicional para lograrla. Sin embargo, las discrepancias aparecen precisamente por la transformación democrática, que produce inevitables traumas por los ajustes a la nueva realidad del poder 
 
No se puede olvidar que de 1937 a 1957 la gerencia la ocupó el caldense Manuel Mejía Jaramillo, luego hasta 1982 su coterráneo Arturo Gómez Jaramillo, y posteriormente hasta el 2002 Jorge Cárdenas Gutiérrez. Fueron 65 años en el poder de Caldas y Antioquia. El viejo Caldas representaba el 35 % de la producción nacional, y aparte de las legítimas aspiraciones de Risaralda y Quindío para separarse de Caldas, también existió el interés de Antioquia y Valle por respaldar en el Congreso de la República la creación de los nuevos departamentos, para atomizar el poder de Caldas en la Federación Nacional de Cafeteros. En aquel entonces el café era la fuente principal de divisas y recursos públicos del país.
 
Esa hegemonía en el manejo y dirección de la institución generó por décadas sentimientos adversos, que hoy en día se ven reflejados con claridad en un bloque nacional, al que unen profundamente el deseo de orientar la institución y la decisión de hacerse valer unidos. Esta es la nueva realidad del gremio cafetero.
 
En el 2002 cuando Gabriel Silva propuso la reforma estatutaria, al comité directivo solo asistían de manera permanente los seis grandes productores, y existía un absurdo pacto de congelación de áreas promovido por Caldas para evitar nuevas áreas en café, tratando de frenar la nueva realidad. Así mismo, la tabla de distribución de recursos del Fondo Nacional del Café entre los comités departamentales, también estuvo congelada por cinco años e impedía que los que ganaban participación en la producción recibieran lo que les correspondía, con el argumento de no incentivar una carrera por el crecimiento de la producción, por conseguir  una mayor proporción de los recursos.
 
En el 2003 se aprobaron nuevos estatutos para que los 15 departamentos cafeteros se sentarán en el comité directivo en igualdad de condiciones. En los 10 años la realidad derogó la prohibición de crecer el parque cafetero, y a partir del 2010 anualmente se redistribuyen los recursos en función de la producción de cada departamento. Adicionalmente, se introdujo en la ley 78 fijó la contribución cafetera, el número de familias productoras cafeteras del departamento como un factor adicional a tener en cuenta para la distribución del presupuesto.
 
La política de valor agregado por calidad logró que el mercado reconociera un mayor precio, que benefició a Huila, Tolima, Cauca y Nariño, e incentivó un crecimiento de más de 100.000 hectáreas y de 50.000 caficultores en esa zona, hasta lograr que, con el Valle, el sur del país represente el 50 % de la producción cafetera nacional. 
 
Esta nueva realidad se refleja en la estructura de poder interna que tuvo su primera expresión en el 2009 cuando para elegir gerente se lanzaron Mario Gómez y Juan Camilo Restrepo, en aquel entonces delegados al comité nacional por Caldas y Antioquia., entones, inmediatamente los demás se unieron para elegir el actual gerente. 
 
Ahora Caldas lideró esta arremetida, nunca antes vista de manera pública, que refleja la pérdida de poder del departamento que más lo ha ostentado en la historia del gremio y que provocó la unión de esta nueva fuerza dominante, para consolidar la transformación del poder en la Federación, desplazando el eje del centro hacia el sur del país.
 
La historia nos demuestra que el volumen de producción fue el elemento determinante del poder y los cuantiosos recursos del Fondo Nacional del Café se convertían en el aglutinante que garantizaba el consenso. Pero hoy la producción cambió de región, en un modelo más acentuado en el minifundio, cada día más democrático y cada mes, más dependiente de los recursos que aporta la nación.
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