El tire y afloje entre el Gobierno Nacional y el gremio cafetero, a solo dos meses de haber iniciado su gestión, debe ser una lección aprendida.
En primer lugar, cuando el precio de un producto tiene alta volatilidad en las bolsas del mundo y además, se combina con la volatilidad de las tasas de cambio para dar como resultado un valor en pesos, requiere mirar en una perspectiva mayor a un mes, antes de tomar cualquier decisión.

Coloquialmente he afirmado que al chillido cafetero siempre hay que “hacerle cuarentena” en razón a que al momento de la decisión, el escenario sobre el que se adopta puede ser diferente.

En este caso se comprueba a cabalidad cómo iniciaron una exagerada presión política gremios y parlamentarios, con la colaboración de los medios de comunicación, que se convirtió en una respuesta inmediata del gobierno aportando $100.000 millones, que parece se salvaron. Por eso, al chillido cafetero hay que aplicarle el dicho, “de riqueza, pureza y santidad, la mitad de la mitad”.

El chillido arrancó cuando el precio interno descendió de $700.000 por carga, tocando un piso cerca de $650.000; cuando la medida fue aprobada unilateralmente por parte del Gobierno - como le correspondía ante la negativa del gremio a aceptar un disparador - el precio ya estaba por encima, y la semana pasada ya se vendía a $840.000 la carga.

Por lo tanto, de piso a techo en tan corto tiempo aumentó 30 % el precio interno del café. Esta realidad nos deja la lección de no acudir a apagar incendios, donde ni siquiera hay llamas.

Otro aprendizaje de este incidente es la forma en la que se terminó perjudicando a los pequeños, dado que en un mes de negociaciones vendieron su café ante la necesidad de comprar el mercado semanal, sin poder obtener el subsidio, mientras los grandes guardaron el grano, esperando el subsidio y en este caso el precio. Finalmente la producción de octubre, será muy alta porque incluirá todo el café almacenado.

Esta negociación estuvo sustentada en dos estudios de costos que manejan los grandes cafeteros y que no corresponden a los de la mayoría de los productores, publicado en el twitter del senador Uribe, desconociendo la misma dirigencia cafetera cualquier cifra técnica, que hubiese podido evitar el choque y los comunicados, y así evitaría perjudicar a los pequeños.

En medio de este debate hemos presenciado también una fuerte acción del Congreso de la República, que desde luego interfiere en la relación armónica del único gremio que tiene el privilegio de contar con cuatro miembros del gabinete presidencial en el seno de su junta directiva, para concertar la política cafetera.

Inclusive uno de los debates se dio en una comisión del Senado con una excelente intervención del senador Corrales en la que llegó hasta a proponer la posible eliminación de la contribución cafetera.

Sin embargo, creo que vale la pena recordar que la Ley Quinta dice que, cuando un congresista tenga interés directo en una decisión, deberá declararse impedido de participar en los debates o votaciones respectivas.

Al declararse orgullosamente cafetero y reconociendo que llega hasta gestionar temas de interés para los cafeteros ante los ministerios, debería revisar muy bien el cumplimiento de esta disposición legal.

Es tanto su entusiasmo que en muchas ocasiones suplanta la vocería y responsabilidad del gerente de la Federación para tramitar los asuntos que conciernen a sus federados.