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Café amargo

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La historia del café está signada por los ciclos. Las bonanzas se presentan escasamente cada diez años y las mini bonanzas cada cuatro o cinco años. El 2014 fue un buen año en producción – más de 12 millones de sacos y el precio casi todo el año estuvo por encima de $700.000 la carga – llevó a un ingreso de $5.4 billones, el más alto en diez años: sin duda una mini bonanza cafetera. Sin embargo, el café puede ser amargo a partir del segundo semestre, cuando el mercado de futuros incorpore al precio el pronóstico sobre la producción de Brasil de 2016, que se considera será su gran recuperación. 

Hasta enero de este año, la especulación con el posible desastre climático de ese país, unido a nuestra devaluación del 25%, llevó los contratos de futuro hasta $900.000 carga, para entregas del café en octubre. Desafortunadamente la Federación de Cafeteros no realizó una campaña masiva para lograr que los productores aseguraran buena parte de su ingreso de 2015. Solo unos pocos productores aprovecharon estas condiciones de mercado y suscribieron contratos.

Sin duda estaban más preocupados por enviar mensajes positivos referidos a los resultados de 2014, para buscar estabilidad en la Gerencia frente a la crisis que quedó anunciada en el Congreso de diciembre, que a advertir a los productores que el futuro próximo puede ser aciago, y que solo utilizando los modernos instrumentos financieros se puede amortiguar este golpe del mercado real. Los colombianos no aceptarán fácilmente otro torrente de recursos para los cafeteros, cuando se presentó la oportunidad de evitarlo.

Los líderes avizoran el futuro y tienen el valor de comunicarlo a su comunidad y en caso de ser negativo, formulan las soluciones para afrontarlo. La razón de ser de la Federación es precisamente, mediante la acción colectiva, crear los mecanismos institucionales para transmitir a sus afiliados – pequeños campesinos – todo lo que observan que puede suceder en el mercado  y que ellos no tienen la capacidad individual de detectar.

Es claro que el mercado mundial está equilibrado y que la producción apenas disminuyó de 2012/13, 147 millones de sacos a 141 que se espera en 2014/15. En los mismos años, las exportaciones del mundo solo se redujeron de 112 a 110 millones, déficit que los consumidores suplieron con inventarios, y reconocieron con precio por la tensión del mercado. Mientras tanto, Colombia pasó de exportar de siete a 10 millones, Brasil de 28 a 35 y Vietnam de 18.7 a 24.4, en el último año. Por lo tanto, considero que el buen momento ya pasó, y tenemos que poner las alertas para que los productores tengan claro que el café puede ser amargo.

Desde luego, la pregunta que todo el mundo se va a hacer es si los cafeteros ahorraron del excelente ingreso de 2011 y de 2014. En los últimos 10 años el promedio histórico a valor nominal de la cosecha fue de $4.073 billones. El año 2014 se estima en $5,4 billones, pero si tenemos en cuenta que el 39% fueron cafés certificados debería ser mucho mayor. 

El precio promedio por carga en la década fue de $680.994, a pesar que en los últimos años la transferencia del precio internacional al productor ha disminuido del 90% al 85% aproximadamente. El diferencial del café colombiano ha disminuido a $0.05 por debajo de la mayoría de los centroamericanos. Nuestros inventarios son de los más altos de la década, que esperamos no hayan sido comprados a precio alto.

El mercado es dinámico si observamos que el 78% está en manos de los particulares; las importaciones se han reducido de 1.100.000 sacos a 487.000 en 2013, por lo tanto regresamos a la normalidad. Por fortuna contamos con la ayuda de una devaluación del 25%, que con café a US$1.60 la libra, nos ha permitido rondar los $700.000 por carga, cifra que según los cafeteros recupera los costos y genera utilidad.

Pero en adelante, preparémonos para administrar un CAFÉ AMARGO.
 

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