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¿Y lo de la Springer qué?

Por estos días en los que Colombia se ilusiona con el hecho de poder acabar con 52 años de conflicto con la guerrilla de las Farc, y se divide entre votar al plebiscito por el sí o por el no, pasa sin pena ni gloria el hecho de que la sociedad Springer Von Schwarzenberg Consulting Services S.A.S., la misma que lidera Natalia Springer y que se adjudicó, principalmente en la Fiscalía de Eduardo Montealegre, millonarios contratos para realizar consultoría, está siendo liquidada. 

Mucho se habló en su momento sobre la inoperabilidad de las consultorías que realizó Natalia Springer por intermedio de esta persona jurídica: se afirmó que los documentos entregados por ella no tenían el rigor metodológico requerido para poderse tener en cuenta como estudios serios que dan soporte a una investigación penal y que el valor pagado por estos era desproporcionado. A pesar de estos cuestionamientos, en su defensa, y como caballero con su armadura, salió el entonces fiscal Montealegre a enunciar las virtudes de su consultora y del producto entregado, a tal punto que en una actitud retadora decidió condecorar a la señora Springer con la medalla Enrique Low Murtra por su “aporte a la investigación penal”. 

Paradójico es que hoy la realidad y el tiempo le hayan dado la razón a quienes criticaron con fundamento el trabajo realizado por la consultora. En primera medida, y como referencia clara del mal gasto que significaron los estudios realizados por esta firma y liderados por la señora Springer, en el caso del supuesto aporte en determinar con claridad los delitos cometidos por el ELN. Hace pocos días se realizó la macroimputación a los principales cabecillas de la guerrilla del ELN, evento que había sido publicitado por la Fiscalía saliente hasta el punto de afirmar, categóricamente, que se realizaría dicha imputación por un total de 132 hechos tachados como delitos, y que su fundamento sería el estudio de la politóloga Springer.  Nada de esto pasó: fueron 82 los hechos imputados y el estudio quedó guardado en los archivos de la entidad, porque no fue tenido en cuenta para sustentar ningún elemento de los llevados por la Fiscalía ante el juez. 

Con este hecho quedó contundentemente demostrada la poca o nula utilidad de los estudios de esta consultora a la hora de servir de soporte en un proceso penal, es decir, que nos metieron gato por liebre. Este conejo que nos hicieron a todos los colombianos -sí, estimado lector, esto también lo toca a usted, ¿por qué de donde cree que salen los más de $4.000 millones que se le pagaron a Springer Von Schwarzenberg Consulting Services S.A.S.? De su bolsillo señor contribuyente-, no es solo otro caso más de esos a los que ya nos tiene acostumbrados la justicia de este país. 

Hábilmente la señora Natalia Springer realizó la contratación por intermedio de una persona jurídica, es decir, en términos prácticos, tercerizó su responsabilidad personal en esa sociedad. Lo anterior implica que con el estado de liquidación tal sociedad está a poco tiempo de desaparecer y con esto posiblemente se diluya su responsabilidad en lo que, desde mi criterio, no es más que un desfalco a los dineros públicos que por lo visto, y teniendo en cuenta los tiempos de la justicia y los entes de control, terminará con la señora Springer exiliada en una playa de Miami mientras disfruta de la rentabilidad que le dieron los contratos que suscribió con la Nación y que no cumplió, mientras nosotros pagamos el hueco de esos $4.000 millones. 

Es inconcebible que un Estado que quiere reformarse de cara al conflicto no dé pasos de gigante para acabar y castigar actos de clara corrupción como los acontecidos gracias a los contratos establecidos con Natalia Springer. No podremos avanzar como país si solo nos quedamos en la indignación en las redes sociales, debemos reflexionar sobre cómo nos hemos vuelto una sociedad permisiva y tolerante con las corruptelas y, por este camino, cuestionar el lento actuar de los entes de control que, en algunos casos, parecen convidados de piedra en este país.