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Analistas 05/05/2022

Validación colectiva

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

En un poco más de tres semanas será la primera vuelta presidencial y Colombia está cerca de dar un cambio en la tendencia política que tradicionalmente ha dirigido el país. Esta corriente política promete un cambio estructural y una reivindicación de derechos que, con justicia, merecemos los colombianos, en especial estos que han sido marginados históricamente.

Soy un firme creyente en que los cambios no los pueden hacer un puñado de personas (presidente y su gabinete de gobierno), mientras los gobernados -que somos mayoría- no decidamos salir del sesgo de validación colectiva que reina en Colombia desde hace muchos años. En Latinoamérica padecemos de la necesidad de justificar comportamientos negativos en la forma en que otros haces las cosas. Tan solo por poner un ejemplo sencillo y de la vida cotidiana, he oído personas responder ante la pregunta de: ¿por qué hace doble fila con su carro en un cruce? O ¿por qué se cuela en la fila del cajero?, frases que nos definen como sociedad y que nos pone muy bajo en el estado de conciencia colectiva como: “pero si todos los hacen”, “pero hay gente peor” o lo que es más decepcionante es el típico “¿pero a quién le hago daño con esto?”.

De la misma manera que esos comportamientos se dan en asuntos que al parecer son “inofensivos”, estos se repiten en otros temas de mayor delicadeza y compromiso como la corrupción, la violencia sistemática, el abuso, etc. Por ejemplo, actos que en teoría no tienen mayor efecto como comprar películas o música pirata resultan alimentando estructuras de contrabando, trata de personas, pornografía infantil y violencia que muchos desconocen; por eso es que vale la pena generar consciencia de las decisiones que tomamos y los efectos que generan.

Todos los colombianos estamos cansados de la corrupción, de eso no cabe duda, pero somos esos mismos que rechazamos la conducta de los corruptos quienes pasamos el billete de $50.000 con los papeles del carro, vendemos el voto o no nos informamos sobre los candidatos y aun así votamos por el que creemos que es el menos malo y esperamos que lo haga como el mejor estadista del país.

Ahora que se promete un cambio, es bueno aprovechar el mensaje y empezar a erradicar los actos que convertimos como un valor cuando que por el contrario no son otra cosa que un antivalor. El camino fácil, la malicia indígena, el: pero si todo el mundo roba ¿por qué yo no? y así una cantidad de comportamientos que decidimos validar de forma colectiva y que celebramos porque “el vivo vive del bobo”.

Colombia solo dará el paso a mejorar como sociedad si tomamos más en serio la generación de consciencia colectiva y nos pasamos a ser inflexibles con las conductas que nombré anteriormente (y muchas otras más), que son casi patrimonio nacional y que nos han mantenido en una ceguera colectiva que nos limita y es el palo en la rueda de nuestra historia como república. Conectarse con las necesidades del otro, salir de nuestra propia burbuja y dejar de esperar que veinte personas resuelvan el problema de cuarenta millones nos permitirá que, antes de tomar decisiones o hacer afirmaciones, mantengamos la calma, hagamos la pausa y miremos al frente que seguro que, como en el fútbol, si levantamos la cabeza y tomamos un segundo el pase llegará al lugar correcto, que nos llevará a meterle gol a la malicia indígena y ganar el partido de la superación y el equilibrio social que tanto necesita el país en un momento en el que debemos soltar ataduras.

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