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Uber: entre la incompetencia y el miedo

Es necesaria y urgente la intervención en un tema que al gobierno, por incompetente y contradictorio, se le salió de las manos: Uber. Por un lado, mientras el Ministro de las TIC, David Luna, en entrevista con otro medio, afirmaba: “quien avance en tecnología, como Uber, bienvenido” -declaración que aplaudo-, por el otro el Ministerio de Transporte imponía multas a la sociedad que opera la aplicación en Colombia, por una supuesta ilegalidad en la prestación del servicio. 

La reglamentación expedida por parte del gobierno nacional, que busca regular el uso de “taxis de lujo”, se ha quedado corta para los alcances y dinamismo del mundo digital. La falta de regulación ha generado un problema social que está pasando de las manifestaciones de descontento al paramilitarismo, como sucedió en la noche del lunes, cuando personas que se transportaban en un taxi persiguieron, acorralaron y, posteriormente, quemaron un vehículo que prestaba el servicio de transporte a través de la aplicación Uber. 

Es hora de dejar de ser tan laxos, presidente Santos, y ponerse los pantalones en el lugar indicado, entender que el mundo cambió, que el servicio de transporte no es hoy lo que era hace 10 años y que la regulación debe cambiar de acuerdo a las circunstancias que se viven en la sociedad; por lo menos eso me enseñaron en mi facultad de Derecho. Bajo esta premisa debe ordenarle a sus Ministros de Transporte y TICs que organicen una mesa de negociación para que se regulen correctamente servicios como Uber -y tal vez acordar que se deje de ofrecer el servicio de Uber X- y se permita el funcionamiento de los llamados “carros blancos” que prestan un servicio de calidad, con respeto y, sobre todo, responsabilidad en caso de irregularidades: la atención de reclamos es óptima y existen consecuencias reales para los conductores, incluso la expulsión de la aplicación. En contraparte está el “Cómo conduzco?” de los taxis que, siendo sinceros, no sirve para nada pues no contestan o le toman a uno del pelo hasta que lo obligan a terminar la llamada sin que se obtenga un resultado al mal servicio o queja por comportamientos inadecuados de algunos conductores de taxi en Bogotá. 

Entre la incompetencia a la hora de enfrentar la realidad para regular el servicio y el miedo que está generando el “parataxismo” de algunos,  quieren obligar, por un lado, al gobierno a cerrar las puertas del desarrollo tecnológico y por el otro, a desincentivar el uso de Uber y que los usuarios permanezcan callados y atrincherados por temor a represalias de un grupo de desadaptados, que no debería estar en las calles sino en la cárcel. ¿En donde está la Fiscalía dando resultados como los de Rafael Uribe? ¿O la policía en el caso del “paseo millonario del agente de la DEA”?, ¿Se requiere que los casos tengan un buen gancho publicitario para actuar?. Por mi parte, ni el miedo ni la negligencia del Gobierno me impedirán seguir usando el servicio de Uber.  

Todo el panorama anterior es una clara muestra de la poca o ninguna sintonía que tiene este gobierno con la sociedad colombiana y la evolución de los mercados, razón de sobra para que por lo menos, en el caso del Ministro de Transporte Jorge Eduardo Rojas Giraldo, se deba dar un paso al costado, pues no ha sido capaz de manejar inteligentemente el desarrollo y la abolición de las viejas prácticas en el transporte. 

Permitir que plataformas de desarrollo tecnológico no entren al país y revolucionen el mercado es estancarnos en nuestra propia mediocridad, además de permitir que un gremio controle las dinámicas del transporte público y genere barreras de entrada para no tener competencia, lo que le permite seguir prestando un servicio de pésima calidad sin que nadie lo moleste.  Porque claro está, en términos de mejorar la calidad del servicio de los taxis, ni el Ministerio de Transporte ni la Superintendencia de Transporte han sido tan diligentes como para tratar de frenar a Uber.