Analistas

Tatequieto a la migración venezolana

Para nadie es un secreto que la migración legal e ilegal de venezolanos a Colombia se ha convertido en un problema de política pública y que, como puede ser normal en este Gobierno, no se han tomado medidas serias a fin de poder contrarrestar los efectos negativos que puede traer esa migración indiscriminada a nuestro país.

Para todos es claro que debemos ser solidarios, nadie discute ese concepto, pero también lo es que no podemos negar la realidad que se vive en el país, con el limitado cubrimiento en salud y educación, y qué decir de los índices de desempleo (aun con la maquillada de cifras de este Gobierno por intermedio del Dane), a los colombianos. Es difícil pensar en priorizar la salud de un colombiano versus la de un venezolano: ambos tienen las mismas necesidades, pero sin duda el deber del Estado colombiano es atender a sus ciudadanos de manera prioritaria; por esa razón, es de gran importancia tomar medidas serias para frenar o, por lo menos, brindar una solución multilateral a un problema que puede ser el caldo de cultivo de una crisis humanitaria.

Es indiscutible que se está generando una grave problema social -que se suma a todos los que ya tenemos muy arraigados-. Incluso así, debemos mantener la calma y dejar cualquier sentimiento de xenofobia alejado del análisis de esta crisis de un país vecino que en algún momento benefició a Colombia (no podemos negar que mucha inversión de recursos venezolanos llegó al país). Pero sería un error prometerles a los venezolanos lo que históricamente se le ha negado a una gran parte de la población en Colombia.

Es por esto que urge tomar medidas para controlar -porque es inevitable la migración ante la situación en Venezuela- y sin la cooperación internacional será imposible que Colombia pueda atender la latente crisis humanitaria y el evidente resentimiento que se está empezando a sentir en el ambiente por las pérdidas de oportunidades laborales: se ven casos en los que el pago a un ciudadano venezolano es inferior a lo que por ley se le debe pagar a un colombiano, preferencia perversa de algunos empresarios que solo beneficia a quienes toman esa decisión y va en detrimento del colombiano que no tiene opción y del venezolano que no es remunerado adecuadamente.

Además de salir a conseguir recursos de cooperación internacional, el próximo gobierno debe tomar decisiones jurídico-diplomáticas que permita que el régimen de Maduro termine y de esa manera podamos instar a que los venezolanos puedan empezar a regresar a su país y tomar la iniciativa para terminar la crisis, al contrario de lo que ha hecho Juan Manuel Santos -quien tomó la iniciativa para ayudar a Nicolás Maduro- quien hasta le ofreció (según lo afirmó el propio Maduro) los servicios de la revista Semana para “mejorar su imagen en Colombia”. Resultó cómplice de la crisis y del dictador.

Al próximo gobierno le va a reventar en las manos esta situación, pues Santos, como los malos estudiantes, hace su tarea al final del año, y será el futuro presidente quien deba llegar con una solución en las manos para poder controlar una crisis que amenaza, con tintes xenofóbicos, y que, se advierte, puede terminar siendo un nuevo origen de conflicto en el país. Hay que ponerle tatequieto a esta situación de migración, pues Juan Manuel Santos el 7 de agosto se despedirá del país como la célebre frase de la película colombiana La estrategia del caracol: “ahí les dejo su hijue… casa pintada”.