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¡Nuevos y buenos vientos!

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Mucho se ha hablado por estos días sobre la conveniencia o inconveniencia de los anuncios en la conformación del gabinete del gobierno del presidente electo Iván Duque.

Sin duda, uno de los que más entusiasma -por lo menos en lo que respecta a la política económica y financiera del país- es Alberto Carrasquilla Barrera, quien ya demostró con creces cómo realmente se deben dirigir las finanzas de un país; para aquellos que no han tenido la oportunidad de conocer su filosofía, les explicaré por qué para mí es un absoluto acierto su nombramiento.

Para nadie es un secreto que venimos de cuatro años de desaceleración de la economía colombiana y del crecimiento del endeudamiento externo, cuyo resultado ha sido el crecimiento en la desconfianza del sector productivo e inversionistas sobre su rumbo.

Alberto Carrasquilla representa el perfecto equilibrio entre el incentivo en la libertad de empresa y la iniciativa privada versus la justicia social aplicada bajo la fórmula del empleo formal como uno de sus instrumentos, lo que le permite ser el voto de confianza ideal para generar un clima de estabilidad y seguridad jurídica a las inversiones (nacionales y extranjeras).

Además de lo anterior, Carrasquilla ha dado muestras claras del respeto por los recursos públicos: en su paso por el Ministerio de Hacienda, se opuso con vehemencia a la inversión que se realizó en Reficar, pues, tal como pasó, anunció el desbalance fiscal de la nación si se realizaba tal inversión. A pesar de sus reparos, el presidente de Ecopetrol de la época tomó la decisión de jugársela por adjudicar un contrato que todos los colombianos recordamos como uno de los grandes fracasos del país en términos de transparencia y cuidado de los recursos públicos.

Dos de los grandes retos que afronta es el cumplimiento de lo que fue una bandera de campaña del presidente electo Iván Duque: reducir impuestos a los empresarios sin afectar el balance general de la Nación y, por otro lado, el impulso a la economía naranja -sin dejar de lado la industria extractiva- que permita que Colombia deje de ser ese fatídico escenario donde el crecimiento empresarial es una utopía, para que la economía del país salga de la ralentización a la que la llevaron la aplicación de políticas de gasto desmesurado y la incorrecta lectura de los mercados internacionales de este gobierno saliente.

Es momento de corregir el mal camino que la economía está atravesando. No podemos seguir dándonos el lujo de crecer al 1,8 % si pretendemos incidir en la agenda global. Hay que tomar decisiones y solo personas con las capacidades del próximo Presidente y su equipo de gobierno podrán hacer que salgamos del fango en el que fuimos ingenuamente metidos.

Alberto Carrasquilla de seguro es la persona indicada para contribuir a que el país retome el camino de crecimiento y buenos vientos que soplaron en su paso por este mismo ministerio.

Así que, estimado lector, no deje que voces que se oponen a los modelos de desarrollo y crecimiento económico apalancados desde el sector productivo lo nublen sobre las verdaderas calidades y cualidades que Carrasquilla representa en la cabeza de un ministerio que lo único que no tuvo en estos últimos cuatro años fue coherencia en la gestión de las verdaderas necesidades de un país.

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