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La economía creativa

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El pasado domingo el país conoció quién será su dirigente durante los próximos cuatro años con la llegada de Iván Duque a la Presidencia de la República, y con él, la ilusión de que las condiciones para las industrias creativas mejoren.

Son muchas las barreras que con un Congreso mayoritariamente de su lado puede superar para que ahora sí -por fin- pasemos de un Estado inquisidor con el emprendimiento y el crecimiento empresarial a un modelo que pueda hacer que las empresas nazcan, crezcan y se mantengan en el tiempo.

Uno de los mayores retos en términos generales -pero que sin duda impactan con más fuerza a las industrias creativas y los emprendimientos- es la altísima carga tributaria que existe actualmente en Colombia: según las cifras del Banco Mundial la tasa de tributación en el país es cercana a 75%.

Ahora, si se combina este alto costo en impuestos con las políticas de pago que nos están regladas para las pymes, es apenas natural que muy pocas empresas a base de resistencia y persistencia subsistan, pues por más ganas e ideas que un emprendedor tenga, la falta de liquidez es una de las principales razones por las que sostener una empresa en Colombia es una tarea ardua.
Sumado a este panorama está la falta de acceso a la financiación de la banca.

En Colombia los bancos siguen pensando el modelo de crédito sin creer o apostar a los emprendimientos que permitan generar condiciones particulares a sujetos particulares. Estas circunstancias no son otra cosa que pedir a gritos la aplicación de la máxima de Aristóteles de “tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”; esto se ilustra con un simple ejemplo: un emprendedor en Colombia diligencia el mismo formulario de crédito que presenta una gran organización empresarial con presencia en el país.

No soy amigo de un Estado intervencionista, pero sí soy partidario que este no puede quedarse de brazos cruzados cuando el mercado no quiere entender la dinámica empresarial y volcarse al apoyo de la industria creativa. Tendrá Iván Duque una tarea especial en generar el camino de lo que ha estudiado y defendido toda su vida; si algo creo que caracteriza a nuestro presidente electo es la coherencia.

El tejido empresarial necesita urgentemente ya no un salvavidas sino una intervención a corazón abierto para poder pensar en una economía de nuevo creciente, no como la que hemos tenido que padecer en los últimos años, producto de darles la espalda a la realidad social y al clamor de los ciudadanos que están buscando generar oportunidades.

La informalidad se combate -y con esto el aumento en el ingreso por tributación- no con medidas restrictivas sino, por el contrario, con medidas tan creativas como las industrias a las que se dirigen. Una empresa en crecimiento es un generador de ingresos directos e indirectos para el Estado.

Piense que cada empresa que pasa ese periodo es una vacante de empleo que genera consumo y termina siendo un círculo virtuoso que espero, anhelo y no dudo de que Iván Duque y su equipo de gobierno tendrán la capacidad de generarle a ese 94 % de las pequeñas y medianas empresas que componen nuestro tejido empresarial. Bienvenido, Iván Duque.

Esta columna no solo es un mensaje de recibimiento, sino un llamado a que desde ya se trabaje para que al llegar a una nueva legislatura bajo su mandato se radique y apoye un paquete de leyes que hagan, ahora sí, la vida más fácil a quienes decidieron y los que decidan apostar por crear empresa en el país.

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