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Hablemos con la verdad

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Definitivamente Colombia es el país de la desinformación, la tierra donde son 140 caracteres los que “informan” a los ciudadanos. Por eso es hora de que pongamos en blanco y negro las verdades de cada uno de los candidatos que se van a batir en la segunda vuelta de elecciones presidenciales, así como de las elecciones en sí mismas, a ver si por fin salimos de las campañas con apoyos a punta de mentiras e insultos y se les da paso a las propuestas. 

Empiezo por el Presidente-candidato. Primero: ese mito que corre por las redes sociales que reza que el presidente Juan Manuel Santos va a “convertir” a Colombia en una Venezuela o que le va a “abrir paso al castrochavismo” no es otra cosa que una gran mentira. Basta con revisar las políticas económicas que han sustentado a nuestro país en el último tiempo para derrotar fácilmente esa falacia. Ahora, que su apuesta de gobierno sea sentarse a entablar un diálogo con las Farc no implica una “entrega” del país a esa organización. Lo que sí debemos pensar todos los colombianos es que en algún momento hay que hacer algunas concesiones para lograr acabar con la marca Farc. ¿No sería más satisfactorio derrotar en las urnas las ideas políticas de las Farc que seguir dejando que se maten nuestros campesinos? Porque de un bando y del otro son ellos quienes libran la guerra por nosotros, los que estamos cómodamente sentados (en mi caso, escribiendo esta columna). 

Además, que el presidente Juan Manuel Santos “encabeza” la paz: otra gran mentira, puesto que la paz es un mandato constitucional y una política de Estado, por lo que está lejos de ser un triunfo o un abanderamiento personal del candidato-presidente, y nadie asegura que si él se reelige las Farc y el Gobierno firmen la paz, aunque es rescatable que lo esté haciendo. 

Segundo, que votar por Óscar Iván Zuluaga significa que esos tres millones y tanto de colombianos “quieren la guerra”: falso. El candidato Zuluaga ha sido claro en decir que no está en contra del proceso de paz: solo lo concibe de otra manera, esa que es cercana a los colombianos a quienes verdaderamente les afecta el conflicto y lo han padecido en carne propia, la paz de los cilindros bomba, no de la limitación de no poder ir a la finca con tranquilidad. Lo que si es cierto es que no es estratégico y mucho menos coherente suspender los diálogos en este momento. Zuluaga ha dicho claramente que les exigirá a las Farc que cesen los ataques y accedan a un modelo de justicia transicional, cercano en este último punto a lo que se inclina la Corte Penal Internacional en lo referente a los crímenes de lesa humanidad para seguir dialogando. ¿Muy guerrerista? No me parece. 

¿Realmente queremos dejarnos envolver en trincheras de odio y radicalismos de lado y lado, cuando los intereses primordiales son los de todos los colombianos así no voten? Yo creo que, independiente de la corriente política, lo que queremos es salir de ostracismo, de la violencia del ojo por ojo y fortalecernos institucionalmente, por lo que, contrario a lo que seguro piensan todos aquellos que creen que el otro por pensar diferente está equivocado, ese es el camino, donde todas ideas sean recibidas y debatidas con argumentos, no con mentiras.  Los que creen tener la verdad absoluta son a quienes más les asiste culpa de la situación actual que vive el país. 

Hoy los titulares se preocupan más por saber con quién o quiénes se van hacer las alianzas de cara a la segunda vuelta que de escudriñar los programas de gobierno. Como entes de control social no están sino haciéndole el juego al amarillismo del rating a costa de la pelea y de la sangre, en lugar de cumplir con su verdadera función: informar. No es justo que tengamos que vivir en el escenario del radicalismo: ni Santos es del todo malo, ni Zuluaga es del todo bueno; pónganlo en el orden que quieran, el resultado es el mismo. 

Los candidatos se deben concentrar más en las propuestas y menos en las alianzas. El objetivo no es el poder. Es hora, señores candidatos, de dar ejemplo con sus actos: es noble quien reconoce sus errores, pero lo es más cuando no comete más de ellos. Si quieren motivar a los abstencionistas, preparen tres semanas de propuestas serias. Las alianzas son un accesorio para llegar al poder, no el modelo de Estado para gobernar al servicio de quienes tenemos el orgullo de ser colombianos. 

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