Analistas

Fiel reflejo

Hace pocos días, el ministro de Justicia, Enrique Gil Botero, manifestó su preocupación frente a la producción normativa irracional y desordenada que se ha dado en el país desde hace siglos. Informó que, entre 1886 y 2016 se expidieron exactamente 16.304 normas con fuerza de ley. De estas, según en análisis hecho por el Ministerio de Justicia,  82%, es decir, 13.402 normas podrían retirarse del ordenamiento jurídico sin que el Estado de Derecho se vea afectado y sí, como lo afirma el Ministro,  se contribuiría a la estabilidad del derecho en el país. 

Este exceso normativo es el fiel reflejo de lo que somos como sociedad. Como muy bien lo describió el historiador, gobernador y cónsul romano, Tácito: “Cuanto más corrupto es el Estado, más leyes tiene”. Nuestro Congreso de la República se ha caracterizado en algunos casos por sancionar leyes al ritmo de los escándalos o clamores populares llenando el sistema jurídico colombiano de una cantidad de normas inútiles, otras con buenas intenciones, pero que no han hecho más que engordar el sistema penal, como es el caso de la Ley de Protección Animal, que no tiene un solo diente y se quedó como una media populista.  

En esa medida, nuestro sistema jurídico es una maraña de normas modificadas por otras, que las han aclarado, pero que a veces, a su vez, han sido modificadas por sentencias de las altas cortes, que han sido modificadas por otras sentencias y así, sucesivamente. Así de enredado es para quienes no son abogados de formación entender nuestro ordenamiento jurídico. Y si para un colombiano es complejo, los inversionistas en gran medida huyen a la hora de revisar el estatus normativo del país, las estadísticas de los tiempos que toma resolver una controversia en la justicia colombiana. 

Hoy nos aterramos de los escándalos de corrupción que se están haciendo visibles -lo que no quiere decir que no existieran antes- pero por esta cantidad innumerable de normas, entre otros factores, sus procesos están en nada, los responsables disfrutando de los réditos obtenidos por sus maniobras corruptas y el Estado dependiendo de reformas fiscales para recaudar lo perdido en la corrupción. Tan solo es ver lo que sucedió con SaludCoop para tomar el pulso de lo que termina pasando con la corrupción de alto nivel. 

Este escenario, propio de una tragicomedia, es el mundo en que tenemos que vivir los colombianos que vemos cómo la confianza en la justicia está cada vez más deteriorada por cuenta de un gobierno ineficiente que solo se ha preocupado por fortalecer la justicia para el “posconflicto” o, como señala su último anuncio, que pretende fortalecer la jurisdicción penal, que sin duda es algo necesario, pero se queda en el populismo y busca engordar el sistema con normas inservibles, pero no se ha ocupado en seis años en extirpar el cáncer que significa para una sociedad tener una justicia civil ineficiente. 

Así que no debería dar tanto anuncio, señor Presidente. Como jefe del ejecutivo debería de una vez por todas ponerse los pantalones y liderar un verdadero cambio en el marco normativo del país. Depurar tanta basura legislativa que existe en la actualidad y fortalecer la justicia donde mayoritariamente se resuelven los conflictos en el país, que por lo visto usted y sus ministros de justicia no han visto: la jurisdicción civil, sí, esa que pide a gritos recursos para siquiera imprimir sus decisiones y que por su ineficiencia, está agonizando. Usted le está quitando el oxígeno que la mantiene viva.