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El consumidor chimbo

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El respeto por la propiedad intelectual en el mundo está en crisis. En Colombia estamos inundados de piratas; es común encontrar en cualquier acera, semáforo o parque público vendedores de reproducciones no autorizadas de películas, libros y hasta perfumes, los cuales son vendidos a un precio ni siquiera cercano al que tiene esa obra o bien en el mercado legal, lo cual en la mente del consumidor chimbo hace la diferencia a la hora de elegir.

 
Ahora bien, desde luego sé de personas que ni siquiera son conscientes que una obra tiene protección legal, que su reproducción no autorizada tiene consecuencias penales y otros que sabiendo se hacen los de la vista gorda, creyendo ingenuamente que están haciendo el negocio de su vida comprando una película por $2.000, con derecho a cambio por mil más; pero lo que no entienden es la estructura criminal que están financiando con esa simple compra.
 
Es importante conocer el significado conceptual de la violación a la propiedad intelectual y su verdadero impacto en nuestra realidad, por ello primero intentaré definir el concepto y luego abordaremos sus efectos. En la mayoría de las legislaciones, entre ellas la colombiana, se prohíbe expresamente la reproducción no autorizada de cualquier obra literaria, así como la distribución de cualquier ejemplar en esas condiciones; por lo que de entrada por la compra estamos siendo cómplices en la comisión de un delito.
 
La persuasión que busca el derecho penal claramente no es lograda en Colombia, sumado a que son pocas las campañas que busquen educar a los consumidores a preferir pagar más pero adquirir productos sobre los cuales pesa una garantía u otros derechos que el simple hecho del consumo otorgan dependiendo los bienes o servicios.
 
Hace muy poco, tristemente, leía en otro diario una dramática pero real situación sobre el fácil acceso que se tiene a películas piratas y lo que es más preocupante es el contenido de  pornografía infantil, dos delitos por solo $6.000. Hoy, en Colombia, el negocio de la piratería mueve cifras astronómicas, similares a las que puede llegar a manejar el narcotráfico; son estructuras criminales que operan como cárteles y cada una de esas películas o libros tienen en sus reproducciones la sangre de muchos colombianos, y el desangre de quienes producto de su inventiva dedican su vida a crear.
 
Pero allí no paran sus efectos, el consumidor chimbo además de lo anterior, hace que empresas reales, legalmente constituidas, que contribuyen con sus impuestos y que crean empleos, desaparezcan a diario, obteniendo que no solo se pierda el valor de la contribución vía tributaria y su posible inversión social; sino el sustento de decenas de familias que ven cómo este fenómeno termina con oportunidades laborales estables; lo que lleva ampliar el sin número de consecuencias negativas que trae el simple hecho de hacer una compra de $2.000.
 
Pero el problema no se soluciona aumentando penas, esto debe ser un cambio radical de pensamiento, que dejemos de tomar el camino fácil, en el primero yo y en que nuestros actos no tienen consecuencias. Se debe educar a nuestras generaciones a venerar a los creadores y a respetar sus obras, sin ellos el mundo no evoluciona, y por sobre todo entender que por ahorrarse unos pesos estamos haciendo que la violencia en Colombia se financie, por lo que la reflexión es: ¿Quiere ver algún cambio en la sociedad? Entonces empiece por evitar ser un consumidor chimbo más de este país. 
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