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Analistas 25/08/2021

CovidLeaks

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

El impuesto global a las multinacionales defraudó; también el giro especial del FMI y la reforma tributaria de Biden: el capitalismo democrático parece enfermedad autoinmune-sistémica y arma de destrucción masiva.

Demasiado drama por la pandemia, cuya letalidad sólo fue 0,05%, mientras permanece desatendida la inequidad. En Estados Unidos, verbigracia, aportaba hasta 31% de los decesos; comparaban la obstrucción educativa con infartos y la exclusión con accidentes cerebrovasculares (Estimated Deaths Attributable to Social Factors, 2011). Además, los fallecimientos por enfermedades respiratorias coincidían con los inducidos por «desesperación» socioeconómica (Deaths of Despair, 2020).

Y no era coronavirus. Igual, desahuciada, la mayoría tributa a 12% de adultos que concentra 85% de la riqueza (Global Wealth Report, 2021). Kármicas, las principales tasas de contagio por pobreza residen en California, garaje del capitalismo tecnológico, y NY, albergue del financiero; completando el paradójico podio de millonarios, China restringe libertades, no desigualdades, y Japón está sobrendeudado.

La economía real perdió. La ganadora destruye trabajos y sus rentas son especulativas, usureras o desgravadas; además, los afortunados pueden procrastinar a perpetuidad sus obligaciones (The Secret IRS Files, 2021), aprovechando paraísos, inversiones efectuadas con deudas a tasas preferentes, y donaciones que incluso retribuyen ingresos tributarios (No Such Thing as a Free Gift, 2015).

Aquí, nuestros apoderados de oficio sabotearon otra reforma. De hecho, invocando el secreto tributario, el Minhacienda y la Dian se lavaron las manos ante mi petición de informar microdatos anonimizados, y el Banrep evadió la oportunidad de cocrear alternativas para financiar un verdadero estado social de derecho, como el rescate propuesto por la Andi.

Por error, nuestros poderes públicos revelaron «CovidLeaks»; pero salvaguardan a la gente de bien, encubriendo la corrupción endémica sin generalizar la divulgación de rentas, bienes, antecedentes y centrales de riesgo. Ahora, en nombre de su bioseguridad, abogan por el certificado covid como panacea; falso positivo, esa discriminación señala limpieza social, cual variante de seguridad democrática.

Agravada la crisis en nuestro estado fallido, sin garantías de universalidad y gratuidad en los servicios públicos esenciales, requeridos para satisfacer los derechos fundamentales, al abandono estatal se aúna la orfandad pandémica, porque los «cuidadores» representan 50% de las defunciones (Covid-19-associated orphanhood, 2021).

Demencia senil o lucidez preelectoral, el gran colombiano reconoció que la “pobreza de 42,5% impide la paz”. Entonces, como acto de justicia restaurativa, eliminen todos los beneficios tributarios e incrementen los impuestos a los consumos especiales, las herencias y las fugas de capital; como China, implementen un Sistema de Crédito Social y, además de convertir el salario mínimo en renta básica universal, establezcan un ingreso máximo (Beijing reveals its next target: ‘excessive’ incomes, 18/08/2021).

No habrá poder del pueblo, bien común y prosperidad colectiva, mientras subsidiemos los libertinajes de la deuda y la riqueza. Por cierto, gravando hasta 94% del patrimonio, Roosvelt superó la Gran Depresión con el New Deal.