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El impuesto global a las multinacionales defraudó; también el giro especial del FMI y la reforma tributaria de Biden: el capitalismo democrático parece enfermedad autoinmune-sistémica y arma de destrucción masiva.
Demasiado drama por la pandemia, cuya letalidad sólo fue 0,05%, mientras permanece desatendida la inequidad. En Estados Unidos, verbigracia, aportaba hasta 31% de los decesos; comparaban la obstrucción educativa con infartos y la exclusión con accidentes cerebrovasculares (Estimated Deaths Attributable to Social Factors, 2011). Además, los fallecimientos por enfermedades respiratorias coincidían con los inducidos por «desesperación» socioeconómica (Deaths of Despair, 2020).
Y no era coronavirus. Igual, desahuciada, la mayoría tributa a 12% de adultos que concentra 85% de la riqueza (Global Wealth Report, 2021). Kármicas, las principales tasas de contagio por pobreza residen en California, garaje del capitalismo tecnológico, y NY, albergue del financiero; completando el paradójico podio de millonarios, China restringe libertades, no desigualdades, y Japón está sobrendeudado.
La economía real perdió. La ganadora destruye trabajos y sus rentas son especulativas, usureras o desgravadas; además, los afortunados pueden procrastinar a perpetuidad sus obligaciones (The Secret IRS Files, 2021), aprovechando paraísos, inversiones efectuadas con deudas a tasas preferentes, y donaciones que incluso retribuyen ingresos tributarios (No Such Thing as a Free Gift, 2015).
Aquí, nuestros apoderados de oficio sabotearon otra reforma. De hecho, invocando el secreto tributario, el Minhacienda y la Dian se lavaron las manos ante mi petición de informar microdatos anonimizados, y el Banrep evadió la oportunidad de cocrear alternativas para financiar un verdadero estado social de derecho, como el rescate propuesto por la Andi.
Por error, nuestros poderes públicos revelaron «CovidLeaks»; pero salvaguardan a la gente de bien, encubriendo la corrupción endémica sin generalizar la divulgación de rentas, bienes, antecedentes y centrales de riesgo. Ahora, en nombre de su bioseguridad, abogan por el certificado covid como panacea; falso positivo, esa discriminación señala limpieza social, cual variante de seguridad democrática.
Agravada la crisis en nuestro estado fallido, sin garantías de universalidad y gratuidad en los servicios públicos esenciales, requeridos para satisfacer los derechos fundamentales, al abandono estatal se aúna la orfandad pandémica, porque los «cuidadores» representan 50% de las defunciones (Covid-19-associated orphanhood, 2021).
Demencia senil o lucidez preelectoral, el gran colombiano reconoció que la “pobreza de 42,5% impide la paz”. Entonces, como acto de justicia restaurativa, eliminen todos los beneficios tributarios e incrementen los impuestos a los consumos especiales, las herencias y las fugas de capital; como China, implementen un Sistema de Crédito Social y, además de convertir el salario mínimo en renta básica universal, establezcan un ingreso máximo (Beijing reveals its next target: ‘excessive’ incomes, 18/08/2021).
No habrá poder del pueblo, bien común y prosperidad colectiva, mientras subsidiemos los libertinajes de la deuda y la riqueza. Por cierto, gravando hasta 94% del patrimonio, Roosvelt superó la Gran Depresión con el New Deal.
En el sector agroindustrial, el clúster de café muestra cómo los encadenamientos productivos permiten avanzar hacia mercados de mayor valor
Le prometemos que este año será más ligera, que la subiremos por un camino más corto o que, finalmente, lograremos que se quede quieta en la cima