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Hay “policrisis”, pero no intervenciones sistémicas: sólo apego al contraproducente “downsizing”. Todo lo que sube -inflación, inequidad y descomposición social-, debería bajar para garantizar cierta cohesión.
Muchas lecciones de la Gran Recesión pasaron inadvertidas, y otras tantas fueron desaplicadas (2009 Pittsburgh G20 Summit Compliance Report). Las notables objetoras o saboteadoras de las reformas requeridas, por la dignidad humana y el bienestar social, son las empresas más admiradas (World’s Most Admired Companies 2023, Fortune - Korn Ferry), aunque sean fraudulentas -v.g. Enron o Citi-.
Apple modela esa moderna tiranía corporativa; también ostenta la mayor capitalización bursátil. Oportunistas, sus accionistas protestaron por la desmedida compensación del CEO, pues superó los US$100 millones (Notice of 2023 Annual Meeting of Shareholders and Proxy Statement, SEC.gov). En la votación Say on Pay, la censura hacia sus bonificaciones y beneficios se multiplico por siete.
Sin embargo, el mea culpa se limitó a convenir una “reducción” de 40% en la retribución total, conservando el pago con acciones como Pareto. Además de agravar el problema principal-agente, intensifican la escalada salarial manteniendo como objetivos de compensación “los percentiles 80 y 90”, ante sus principales competidores.
Aunque fingen integridad, protestando por su dependencia hacia el comunismo o consumismo chino, no democratizan la convocatoria de pactos contra cíclicos para eliminar el desempleo, prohibiendo las horas extras y comprimiendo la jornada a 20 horas semanales; tampoco contrayendo un máximo salarial, proporcional al mínimo, ni relajando los abusivos márgenes de “utilidad” exigidos (+40%).
Fracasaron las estrategias de rebaja de impuestos y “penas”, como incentivos para hacer lo correcto. Y, tercerizando el castigo, la erradicación forzada de empleos normalizó las crisis. Igual, ante eventuales reformas, nuestra Corte Constitucional defendería a esos hampones y privilegiados, y se escandalizaría por cualquier gravamen progresista y el establecimiento de techos, recortes o nivelaciones salariales.
La cuota inicial debe consignarla el Congreso, estableciendo un rango de renta “digna” universal. Claro, la oposición de los gremios oligopolistas, como Asofondos-Fiap, los centros de pensamiento anacrónicos, caso Fedesarrollo, y, paradójicamente, los pudientes sindicatos, v.g. Ecopetrol, preferirán mantener lo actual pese a las insostenibles crisis del subempleo, la pobreza, la desigualdad y la inseguridad social.
En el Global Pension Index (Mercer - CFA Institute, 2022), Colombia ocupa la posición 21 entre 44 países, y está a la par que EE.UU., Francia o España: pésimos referentes, auto denominados o falazmente reconocidos como socialdemócratas, pues no ofrecen redes de apoyo socioeconómico, defienden los salarios especulativos y las pensiones tampoco vinculan garantías.
Arrogante, la consultora de ese informe señaló que “no existe respuesta única o perfecta: el sistema más adecuado es aquel que contribuye a que las personas mantengan el nivel de vida que tenían antes de jubilarse”. Sin embargo, no propone alternativas; ignora que la mayoría está excluida, y pocos pueden “retirarse”; además, la capacidad adquisitiva promedio es miserable, y las pirámides pensionales colapsaron.
Que sirva de lección reiterada: el poder es efímero, pero la historia, que siempre cobra, no recuerda a los que ganan; recuerda a los que supieron gobernar
Este será el mes más crítico de la historia institucional, que dejará muchas reflexiones sobre lo que no se debe hacer
El problema está en lo que hay debajo del titular. Las actividades primarias -minería y agricultura- cayeron 2,35%. Las secundarias -manufactura y construcción- avanzaron apenas 1,83%