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A tiempo de corregir

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He tenido y tendré como consigna tratar de contribuir a solucionar problemas sustanciales que agobian a los colombianos en asuntos económicos, que por supuesto trascienden a todos los planos sociales y que claro está, devienen de las políticas públicas en curso, independiente de quien esté en el poder, porque estimo que siempre debe primar el interés nacional sobre el particular, al ser dilemas que nos atañen a todos, debiendo reconocer mi especial afinidad con los pilares y fundamentos, junto a la línea de pensamiento del Gobierno actual.

En general considero que las tareas se adelantan con diligencia, con algunos tropiezos por demás naturales en el ejercicio del poder cuando hay tantas necesidades e intereses en juego, pero además porque ha primado el carácter técnico sobre el político, resultante en una gestión que responde debidamente en la gran mayoría de los casos, a resolver las quejas más apremiantes, con el consecuente costo político, pero también hay que decirlo, que algunas de ellas merecen otras miradas que permitan mejores usos de los recursos disponibles.

El inicio marca la pauta y éste permite vislumbrar un futuro esperanzador, sin embargo, es preciso corregir el ritmo y rumbo en algunos objetivos y medios previstos en el proyecto del Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad” que coincido con un editorial reciente de LR mejoraría al llamarse “Pacto por el Crecimiento y la Equidad” e igualmente concuerdo en la necesidad de ofrecer más y mejores caminos y herramientas para su logro, para que territorios y municipios utilicen óptimamente lo presupuestado.

Pero también debe aprovecharse este derrotero al incluir otras respuestas efectivas en áreas sentidas por las falencias y vulnerabilidades de la economía, en particular la aclamada y requerida diversificación y sofisticación productiva que ha sido un karma para los últimos gobiernos, en tanto esta intención no ha pasado del discurso, convertido en un tema de moda manejado muy a pesar de todo, con demagogia, sin herramientas, procesos ni políticas que coadyuven en tal propósito, con el agravante que las brechas y dependencias asociadas a la economía del conocimiento se expanden de forma vertiginosa y exponencial.

De ahí recomiendo enfrentar de manera holística e integral los retos inmersos en esta realidad, porque los matices y sesgos existentes pueden terminar siendo que el remedio empeore la enfermedad, como la posible visión reduccionista de la economía naranja atada a la transformación digital, como únicos medios para insertarnos en las Cadenas Globales de Valor, que podrían contrariamente alejarnos cada vez más de ellas. Para esto precisamos de métodos alternos disruptivos que complementen las medidas incrementales en curso para dar el debido salto cualitativo cuantitativo, so pena de seguir con verdades a medias alejadas de la plenitud.

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