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¿Subir el salario mínimo?

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Dejemos a un lado las diferencias políticas y hablemos en términos estrictamente económicos: la propuesta de Uribe de subir el salario mínimo es razonable. En 2016, expresé en este mismo diario la necesidad de mejorar el ingreso en la base de la pirámide salarial (ver https://tinyurl.com/y8ejdcva). Hoy me reafirmo.

En Colombia, uno de los 15 países menos equitativos del mundo, el salario mínimo ha crecido 1,7% más que la inflación en los últimos 17 años. Es decir que el poder adquisitivo de los que menos reciben sigue siendo casi igual. Así, jamás se reducirá la brecha económica.

Ante la propuesta, la primera alarma que surge es que al incrementar los salarios se pierden empleos. Esto no es cierto. En 2014 Estados Unidos vivió un debate similar pues los demócratas, apoyados por el Presidente Obama, pretendían aumentar el salario mínimo en 39%.

Inmediatamente se dispararon las críticas, pero seiscientos economistas, entre ellos los nobeles Arrow, Stiglitz y Solow suscribieron una carta apoyando la medida y afirmaron que “la evidencia muestra que un incremento en el salario mínimo tiene poco o ningún efecto negativo en la tasa de desempleo de trabajadores que ganen el mínimo”.

Zanjado este primer tema, debemos centrarnos en la productividad de las compañías. En un sistema globalizado, acrecentar los costos reduce la competitividad. No obstante, el grueso de este efecto en Colombia se debe a los impuestos que deben pagar las empresas al punto que, de acuerdo con el Foro Económico, nuestro país tiene una de las cinco tasas más altas del mundo.

En términos prácticos, esto significa que una empresa no podría competir contra países, o contra firmas extranjeras, que tengan menores tasas impositivas. Por ende, es necesario bajar tales tributos para que junto con el incremento del salario mínimo se garantice que los ingresos de los trabajadores también suban. Se evita así, como reporta Bloomberg (ver https://tinyurl.com/yaz4o44j), que se generen los salarios planos que se dieron tras la reducción de impuestos corporativos decretados por Trump.

En el mundo, la estrategia tributaria más utilizada para disminuir la desigualdad consiste en gravar a los individuos progresivamente y no a las empresas. Esta realidad genera confusión por lo que es crítico entender que una compañía no goza la riqueza, no monta en yates y no toma champaña.

¿Existen muchas maniobras para que a través de las sociedades las personas gocen de sus riquezas? Sí, pero se deben corregir vía auditorías a los gastos de empresas combinado con impuestos para los individuos de altos ingresos.

Ese es otro debate. Gravar a las empresas excesivamente es impedirles competir en un mundo globalizado.

La informalidad no debería empeorar. La ya anunciada reducción del impuesto corporativo compensaría el mejoramiento salarial. Esto está condicionado a una reforma tributaria bien diseñada, lo cual no está garantizado. Debemos estar vigilantes.

El aumento en la inflación es real, sin embargo es menor que el incremento del salario, lo que en consecuencia, reduce la inequidad. Incluso, la idea de que este sea ahorrado en los fondos de cesantías mitigaría el efecto inflacionario pues el gasto sería paulatino.

Pasando de lo económico a lo político, me parece desatinado que sectores que siempre han criticado los bajos salarios ahora ataquen dicha propuesta por la sola autoría. No soy uribista por lo que me siento tranquilo diciéndoles: reducir la desigualdad en Colombia es una meta común.

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