Analistas

Peñalosa y la trampadel cemento

Un amigo me contó que el domingo pasado, el capitán del avión en el que viajaba anunció por el altoparlante la victoria de Peñalosa, lo cual fue seguido por un estrepitoso aplauso. Esto refleja que el resultado fue un gran alivio para la capital; no obstante, esta tranquilidad puede durar poco.

Si Peñalosa ejecuta y muestra resultados pero no los sabe comunicar, reabrirá las puertas de la ciudad a la izquierda populista que tanto daño hizo. Desde ya, su gobierno debe ser consciente de la importancia de priorizar y de saber transmitir la política social.

Esta advertencia puede sonar apresurada ya que el Alcalde ni siquiera se ha posesionado. Sin embargo, este es el momento correcto para hacerlo pues un político juicioso, como lo es Peñalosa, meses antes está alistando los programas insignias, los principales proyectos; incluso, el eslogan mediante el cual recordaremos su administración. 

No podemos olvidar que durante doce años, los gobiernos populistas prometieron lo mismo: redistribución del ingreso y justicia social, y no lo cumplieron. Por ende, Bogotá clama resultados en estos campos. Peñalosa comparte esta posición; en su discurso del domingo, afirmó que la ciudad debe encaminarse a garantizar la igualdad de oportunidades para todos.

Indudablemente, él tiene una gran capacidad para desarrollar este tipo de políticas. El problema es otro: al nuevo Alcalde se le dificulta vender su obra. A diferencia de los petros, los samueles y los luchos, que son expertos en hablar, prometer e inventar -así no muestren logros-; Peñalosa sí ejecuta y los resultados se ven; pero, se queda corto a la hora de comunicarlos. 

No en vano, después de haber hecho una gran alcaldía, en las últimas candidaturas en las cuales fue derrotado, sus opositores redujeron con éxito su gestión a relleno fluido y bolardos. Cayó en la trampa del cemento al permitir que la oposición convenciera a los ciudadanos de que para él lo material es más importante que el desarrollo humano.

Tan injusta fue esta caracterización, que lograron desdibujarlo por más que durante su alcaldía hubiera creado 200.000 cupos escolares; y construido tres megabibliotecas -Tintal, Tunal y Virgilio Barco-, 30 ciclorrutas, 1.100 nuevos parques, megacolegios en las localidades más deprimidas, y 47 colegios que recibieron el apoyo de las mejores instituciones educativas del país.

Igualmente, recuperó 600 mil metros cuadrados de espacio público; plantó 100.000 árboles; legalizó más de 400 barrios marginados; implementó programas de alimentación escolar; desarrolló estrategias de vivienda social a través de Metrovivienda. El hurto común se redujo en 57%: pasó de 29.591 casos a 12.704. 

Sus logros evidencian una perfecta combinación entre urbanismo, seguridad y políticas sociales. Pese a ello, pudieron catalogarlo como lo que no es: un político sin corazón al que le importan más las obras que la gente. Peñalosa no puede volver a caer en ese juego.

No se trata de montar un espectáculo y pretender ser alguien diferente. Eso nunca funciona. El ciudadano, sin considerar el nivel educativo, detecta intuitivamente cuándo se está tratando de vender una mentira. Por el contrario, se debe transmitir y cumplir lo que Peñalosa genuinamente considera que es el fin último: la igualdad de oportunidades. 

Su plan de desarrollo debe dejar en claro que Bogotá es de todos y que, como lo propone Rawls, se va a priorizar a los más necesitados. De esto no solo va a depender su desempeño, sino también el posible regreso de la izquierda populista y su mala gestión.