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La revolución de las clases online

Estoy tomando dos clases “online”; una en Stanford y otra en el MIT. Por varios años, había sido reacio a este tipo de cursos. Como muchas personas, yo también pensaba que estas no eran tan buenas como las presenciales. Falso. Los MOOC -massive online courses-, como son conocidas en el mundo, tienen el potencial, no solo de cambiar el modelo educativo, sino de paso, reducir de manera radical la desigualdad.

En el cuento “La biblioteca de Babel”, Borges habla de un mítico sitio donde se encuentran todos los libros que existen. En sus propias palabras, allí está “todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas”. Más allá de los simbolismos metafísicos que, en últimas, socavan esta idea -según el autor, lo allí contenido no es comprensible-, el cuento tiene una fascinante imagen de un sitio en el que está toda la sabiduría del universo. Al navegar por webs de MOOC me siento en un lugar así.

Este tipo de clases masivas fueron lanzadas hace ocho años. En este corto tiempo han alcanzado una variedad impresionante. Por ejemplo, al ingresar a la plataforma www.edx.org se encuentran cursos que van desde astrofísica hasta historia del Japón. Son totalmente gratuitos y enseñados por profesores de las universidades más importantes del mundo. 

En este momento, más de 400 universidades imparten este tipo de clases, incluyendo 22 de las 25 mejor posicionadas de EE.UU. En total, 15 millones de estudiantes se han beneficiado y se anticipa que su crecimiento será exponencial. En escuelas primarias también se podría generar una revolución pues a hoy 57 millones niños en el mundo en ese rango están desescolarizados. 

Si se logrará cobertura universal y mejor calidad educativa, que es uno de los dos pilares de la igualdad de oportunidades junto con la salud, el mundo cambiaría. En teoría, un niño en cualquier lugar, con acceso a internet, podría tener la misma educación que el más privilegiado de Suecia. No obstante, no es tan simple aseverar que los MOOC pueden reemplazar las clases presenciales. No hay acuerdo respecto a cuál es el propósito de la educación que va a permitir evaluar a ambos. 

Existen posiciones variadas. Por ejemplo, para Aristóteles la educación debe inculcar lo que se considera la “vida adecuada”. En cambio, para Kant esta debe potencializar la autonomía del individuo enfocado en el respeto a los demás. Por último, están los que consideran que la educación debe adoctrinar y enseñar a vivir de acuerdo con un ordenamiento de reglas. Para mí, la educación debe enseñarnos a ser autónomos, a pensar y a escribir, y darle al individuo un conocimiento suficiente que le sirva para ejercer la profesión que le apasione. 

En ese sentido, considero que bajo los avances tecnológicos actuales, los MOOC durante el posgrado logran su objetivo; sin embargo, en niveles inferiores son un avance positivo pero no pueden reemplazar la presencialidad totalmente. Esto podría cambiar con mayores desarrollos en realidad virtual y tecnologías.

Adicionalmente, existen problemas de compromiso pues solo 10% de los que toman un curso “online” por primera vez, lo finalizan. Hay carreras, como medicina, que difícilmente podrían  enseñarse así.

Con esto dicho, las posibilidades de crear un modelo educativo que recoja a los MOOC y los combine con la educación tradicional son infinitos. Requiere de creatividad y de estar a la vanguardia en tecnología e innovación para ir ajustando el modelo. Esto podría hacer más a favor de reducir la desigualdad que cualquier otra política pública. Está en nuestras manos.