Analistas

La paz, el zorro y el erizo

Crecí en medio de la guerra. Vivir en paz es algo que siempre he anhelado. A pesar de esto, creer que ya se logró es desconocer que falta lo más difícil. Es pensar que la firma de un papel con el concepto abstracto de esa palabra de tres letras va a lograr automáticamente que este país, bañado por tanta sangre, llegue a un estado de tranquilidad perpetua. Me preocupa que la mayoría de colombianos ven “la paz” como “erizos” y no como “zorros”.

Esta distinción viene del magnífico ensayo del filósofo inglés Isaiah Berlin en el que diferenciaba los pensadores en dos categorías: Los zorros que “persiguen muchas ideas, muchas veces sin que tengan relación, incluso siendo contradictorias”, y los erizos que “relacionan todo bajo una visión única y centralizada, un solo sistema… un único y universal principio organizacional sencillo bajo el cual todo lo que son y dicen tiene sentido”.

La realidad es que las grandes teorías unificadas existen, en algunos casos, en las ciencias físicas pero jamás en la ciencias sociales. Acabar la guerra con las Farc mediante un acuerdo requiere superar todo tipo de contradicciones y dificultades. No se trata simplemente de “paz o no paz”, como lo entendería un erizo y como lo siente hoy el país, en medio de la polarización en la que está.

Debemos asimilarla como zorros, pues desafortunadamente en temas como la guerra la zonas grises abundan y, como dice Max Weber, se debe tratar de unificar la ética de la responsabilidad -juzgar la acción por el resultado final- con la ética de la convicción -juzgar la acción por la convicción que se tenía al hacerse el acto-. Esto es claramente contradictorio pero dentro del ámbito de una sociedad, se debe intentar conciliarlas.

Este primer anuncio sobre el cese bilateral al fuego, garantías para los desmovilizados y aceptación del plebiscito como mecanismo de refrendación, es solo el inicio. El siguiente paso es esperar que se termine de negociar los puntos restantes. Después de eso, el proceso de paz será una realidad.

Luego de la firma, si se logra la aceptación popular en las urnas, empieza lo difícil. Tendremos que ser creativos para encontrar maneras de combatir los sentimientos encontrados que seguro surgirán dentro de nosotros. Pero ¡ojo! Para que esto funcione, todos tendremos que tragar “sapos”, incluso las Farc. Será de parte y parte.

Esta vez, ambos, guerrilla y Estado, deben honrar a cabalidad lo acordado. La realidad es que en nuestro país, en ningún proceso de paz anterior los firmantes han respetado los compromisos. Como dijo ayer el vicepresidente sobre las Farc: “!Ojalá cumplan!”. De igual forma, el gobierno también debe atenerse a lo pactado si el plebiscito es aprobado. Existen bastantes ejemplos de incumplimientos pasados de uno y de otro; desde los homicidios de los desmovilizados del M19 hasta el caso de los paramilitares que seguían delinquiendo desde sus sitios de reclusión.

Ya se ve el fin del largo y arduo camino de la negociación y empieza el largo camino de la refrendación popular y, por último, el más difícil que es el camino a la reconciliación.

Tenemos que reconocer que no hay fórmula perfecta, que no será en blanco y negro, y que no existe una teoría unificada sobre cómo lograr la paz y la reconciliación en una sociedad que lleva décadas en guerra. Por el contrario, será a través de un sinnúmero de estrategias y acciones colmadas de sentimientos contradictorios, pero que en últimas, sin una explicación lógica, deben conciliarse. Desde ya debemos aceptar esta realidad, pues la verdad es que no hay otra manera.