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La palabra “democracia” es engañosa

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El pasado domingo, celebré la heroica victoria de la oposición venezolana. El largo camino que culminó ese día, dejó muertos, presos y miles de exilados. A pesar de esto, tanto Maduro como la MUD, proclamaron que había “ganado la democracia”. 

Esto me hizo recordar el clásico escrito de Fareed Zakaria de 1997 titulado “El surgimiento de la democracia iliberal”. Hoy, este ensayo es reconocido como profético pues resaltó, en su momento, que pese a que muchos países tendrían autoridades elegidas popularmente, por ende “democráticas”, estas no respetarían la igualdad ante la ley. Es decir, por más de que hubieran gobiernos que contaban con el apoyo de los ciudadanos, estos abusarían de su poder. 

Aunque puede parecer un debate semántico, su fondo es profundo. El hecho de que la palabra “democracia” despierte un imaginario de igualdad y de justicia ha llevado a que muchos gobiernos maquillen sus barbaridades con elecciones periódicas. Tal cual lo ha hecho durante años el chavismo.

Venezuela es un ejemplo perfecto de la mutación de la democracia: hay elecciones pero se vulneran la libertad de expresión y de propiedad, se violenta la separación de poderes y el estado de derecho es solo para algunos. Una democracia iliberal.

La oposición en Venezuela triunfó al lograr mayorías en las elecciones; sin embargo, la realidad es que el país sigue teniendo una democracia iliberal. Y como lo anotó Zakaria hace 19 años, en este tipo de regímenes “cuando sus posiciones entran en conflicto con aquellas de la legislatura o incluso las cortes, los presidentes tienden ‘ir a la nación’, brincando la difícil tarea de negociar y lograr coaliciones”.

Además, según él, es común que el ejecutivo efectúe usurpación horizontal y vertical del poder. Horizontal, al debilitar las otras ramas del poder -legislativo y judicial-. Vertical, al apropiarse de facultades que le corresponden a los entes territoriales. En Venezuela, ambas se han hecho. El CNE y la Asamblea Nacional, por años, han estado al servicio del chavismo; y con la victoria de Ledezma, Chávez creó un órgano alterno para gobernar en Caracas. 

Los discursos de Maduro tras la derrota, apuntan a que la tradición de la democracia iliberal continuará. Aunque en esta ocasión, con la supramayoría lograda por la oposición la pelea va a ser más pareja. Pero, no podemos olvidar que Venezuela sigue siendo un sistema presidencialista y Maduro ha anunciado que proyectos como la amnistía para presos políticos no serán aprobados por él. 

Por más que la misma Asamblea Nacional pueda sobreponerse a estos vetos, el Tribunal Supremo tiene la facultad de declarar inconstitucionales las normas. El hecho de que tras la derrota hayan anunciado el nombramiento de 12 nuevos jueces antes del primero de enero, es un indicio de hacia dónde van las cosas.

La limpia e histórica victoria del pasado domingo dejó un mensaje claro: el socialismo de Maduro y Chávez se está derrumbando. Aunque, si bien es cierto el triunfo es un importante paso; lo que viene va a ser caótico. Maduro y Diosdado saben que al dejar el poder fácilmente podrían terminar en la cárcel; por tanto, usarán las artimañas que sean necesarias para limitar la oposición y seguir gobernando. 

A diferencia de lo que dijeron ambos bandos el día de las elecciones, Venezuela no es una democracia real. No existen garantías, no hay respeto entre las ramas del poder público, ni mucho menos, hacia los derechos civiles de la población. 

Los años que vienen serán turbulentos en medio de un juego del todo vale; no obstante, la victoria del MUD fue un importante primer paso.

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