Analistas

El final del principio

En 1942, el primer ministro inglés Winston Churchill pronunció un discurso sobre la victoria de los aliados en la batalla de Alamein, Egipto. Durante su intervención dijo una frase elocuente que hoy, tras la reversa de Maduro frente a la decisión del TSJ, aplica para la oposición Venezolana: “Ahora no es el final; no es siquiera el principio del final. Pero es, posiblemente, el final del principio”.

Infortunadamente, a la inminente transición aún le falta mucho camino por recorrer. Quienes dicen que pronto los líderes de la oposición se tomarán el poder, desconocen que la fuerzas militares siguen estando al lado del régimen de Maduro y Cabello. Adicionalmente, los colectivos -grupos paramilitares que nadie controla- tienden a estar también con los chavistas.

Por años, la oposición ha dado una impresionante batalla sin violencia. Repetidamente, han sido derrotados mediante abusos de poder y trampas. No obstante, esta perseverancia ha hecho mella pues el día en que se desarrolló el autogolpe, el mundo entero reaccionó y obligó al gobierno a retractarse.

Este apoyo, casi unánime en la región, les recordó que ya terminaron los días de los aliados incondicionales “enmermelados” por los petrodólares de Chávez. Desde que cayó el precio del petróleo, empezó la debacle de un régimen insostenible. El socialismo del siglo XXI no hubiera durado tanto sin la cantidad de recursos provenientes de las grandes reservas petroleras. Si Chávez estuviera vivo, la angustiante situación de Venezuela sería igual. 

Para el horror de todo aquel que cree en la justicia social, esta tendencia política logró reducir la desigualdad al equiparar a la gran mayoría de ciudadanos en la pobreza. Según el pronunciamiento de Capriles ante la OEA, 82% de los venezolanos viven bajo esta línea, lo cual lo hace uno de los países más pobres del mundo.

Lo que allí se vive es una tragedia humanitaria. La oposición debe lograr que internacionalmente se entienda y reconozca esta realidad. Es la única manera de tener mayor presión para obtener una salida pacífica al enfrentamiento.

Hoy, el mundo de las relaciones internacionales se rige por el principio de la libre determinación de los pueblos. Es decir, cada nación tiene el derecho de solucionar sus problemas internos sin la intromisión de otros. La gran excepción es cuando existe violaciones a los derechos humanos o en grandes crisis humanitarias.

La actual situación en el vecino país amerita la presencia de entidades multilaterales que auxilien a tantas personas que sufren a diario y, simultáneamente, funcionen como disuasores de los abusos del régimen, al ser testigos oculares de las constantes vulneraciones a los derechos de los ciudadanos que están ocurriendo. Solo así lograrán parar los disparos a las multitudes, los ataques a los líderes de la oposición y, en general, los excesos que se cometieron recientemente. 

Mientras los militares estén al lado del gobierno, este no va a cambiar de postura ni accederá a elecciones justas. Solo la presión internacional puede hacerlo. La semana que termina fue muy importante para las fuerzas democráticas de Venezuela. La decisión del TSJ pudo, por primera vez, solidarizar a decenas de gobiernos. Una gran victoria pero faltan muchas batallas. 

Tras concluir la guerra, Churchill se pronunció sobre el triunfo en Egipto al afirmar que: “Antes de Alamein no habíamos obtenido ni una victoria. Después de Alamein nunca tuvimos una derrota”. Ojalá esta semana marque el inicio de una racha similar para la oposición venezolana.