Analistas

Un escurridizo acuerdo económico

La Semana Santa inició con un significativo avance en la relación del Mercosur con la Unión Europea, que cristalizará en un acuerdo comercial entre los dos bloques después de 24 años de frustración. Por fin, Mercosur presentará una lista de productos que será ofrecida a Bruselas y que alcanzará entre el 87 y 90% de las importaciones, donde el rol de Brasil es preponderante, pues su participación es del 70% del total de la oferta común.

Desde que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se constituyeron en una organización interestatal, la Unión Europea se interesó en negociar acuerdos con Latinoamérica. Empezó con Mercosur, Chile y México en 1990, 1991 y 1992. Las negociaciones concluyeron en 1995, 1996 y 1997 respectivamente, con acuerdos de asociación de dos fases que incluían -después del desánimo europeo- cooperación y diálogo político, y aplazaron el contenido económico. Así, el Acuerdo Marco Interregional de Cooperación y la Declaración Conjunta anexa del Mercosur con la Unión Europea, entró en vigor en 1999, estableciendo las bases para el diálogo político que las partes mantienen periódicamente a nivel de jefes de Estado, ministros y altos funcionarios.

En el nuevo milenio se reiniciaron negociaciones para dotar de contenido económico los acuerdos suscritos, aunque solo se cristalizaron con México en el 2000 y con Chile en 2001, mientras las negociaciones con Mercosur se dilataron hasta 2004, año en que se suspenden por diferencias fundamentales en la negociación de acceso a mercados agrícolas.

En mayo de 2010, durante la Cumbre de Madrid, cuando se suscribían los acuerdos comerciales con Centroamérica (incluido Panamá), Colombia y Perú, tras seis años de suspensión, se retomaron las negociaciones con el Mercosur, entendiéndose que era una oportunidad para que la Unión Europea revisara su Política Agrícola Común, PAC, que condicionaba su mandato en la negociación. 

Aunque la PAC no se revisó, y la relación especial que viene dándose con Brasil desde el 2008 indican que lo más factible sería otro acuerdo comercial multipartito -como el que se dio en el ámbito andino con Colombia y Perú-, la propuesta conjunta de Semana Santa puede ser el impulso necesario para superar los obstáculos y vencer el escepticismo. No obstante, no está claro cómo encajaría Venezuela, que es socio de pleno derecho del Mercosur desde julio de 2012, y Bolivia que en diciembre del mismo año inició su incorporación.

La pretendida estrategia europea de diferenciación en América Latina frente a la de los Estados Unidos se desvirtúa cada vez que busca alinearse o hacerle contrapeso a Washington. En los 90 el “Sistema de Preferencias Generalizadas Droga”, era una alineación con la estrategia americana de certificar la lucha contra la droga, y la liberalización comercial que se ha pactado con socios de América Latina, ha seguido la ruta de los TLC suscritos entre Estados Unidos y países de la región. El caso de Mercosur sería atípico, y tal vez por ello no se ha podido cristalizar. Hay suspicaces que consideran que el pretendido TLC de Uruguay con EE.UU. y el recibir presos de Guantánamo serían el desencadenante de la reacción.

En todo caso, los contrapesos, aunque sean económicos, muchas veces desatan sucesos inesperados. En las columnas del 10 de diciembre de 2013 y del 11 de marzo de 2014, evidenciamos el origen de la difícil situación de Ucrania, que se debatía entre Moscú y Bruselas. El primero pretendía incorporarla a una Unión Aduanera y el segundo a un acuerdo comercial.