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Grecia y la baladronada europea II

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La semana pasada cerró con un sinnúmero de piezas teatrales representadas por líderes griegos y europeos que confirmó el desenlace que anunciamos en la primera parte de esta columna, ambos bandos cedieron. No obstante, como suele suceder en la diplomacia, ninguno de los dos lo reconocerá y, por el contrario, lo presentarán como una victoria de sus pretensiones. 

En la noche del viernes pasado, Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, anunció un pacto que obliga a Grecia a replantear la mayoría de sus exigencias: aceptar una prórroga de cuatro meses del rescate, concluir el programa actual y presentar un listado de reformas.

Por su parte, Alexis Tsipras, jefe del gobierno heleno, se ufanaba de hacer fracasar el plan de las fuerzas conservadoras griegas y extranjeras que buscaban asfixiarlos, “Grecia se mantiene digna y en pie y demostramos que Europa es un espacio para la negociación y los compromisos beneficiosos para ambas partes y no un espacio de exterminación, de sumisión y de castigo”.

En todo caso, Grecia está aceptando el rescate actual y se compromete a finalizar con éxito el programa de reformas, a cambio los socios europeos garantizan la financiación para cuatro meses más, y permiten que Atenas use una partida de 1.900 millones de euros procedentes de los beneficios de las operaciones de los bancos centrales con la deuda griega y el último tramo del rescate, que asciende a 1.800 millones. Fondos que se desembolsarán con la supervisión de la que hasta el viernes se denominó troika hoy “las instituciones”.

Para Yanis Varoufakis, ministro responsable de la economía griega, el pacto da flexibilidad y apacigua el alarmismo intencionado respecto de la fuga de depósitos de Grecia, “permite al Gobierno ponerse a trabajar en las reformas que están llamadas a acabar con la enfermedad que ha aquejado a la economía griega durante décadas”, no habrá más subidas del IVA, ni recortes de las pensiones. Se suprime el objetivo de superávit primario del 3% del PIB para este año y del 4,5% para 2016 y, en su lugar, el crecimiento se fijará en función de “las circunstancias económicas”. Como contraprestación debe combatir severamente la evasión fiscal y la corrupción, reformar la administración pública y luchar contra la crisis humanitaria.

El acuerdo definitivo que al cierre de esta edición no se había aprobado, le brindará a Grecia la posibilidad de alcanzar un superávit primario (antes del pago de intereses) que le permitirá ampliar el gasto social y contará con una mejora de las condiciones de devolución de la deuda. En este pulso, en el que todos se sienten ganadores, destaca la dureza en la negociación de los acreedores del norte liderados por el alemán Wolfgang Schäuble a los que se sumaron -por miedo al contagio político-, con tanta o más inflexibilidad, los ministros de finanzas de España, Irlanda y Portugal. 

Se equivocaron los eurócratas al desconocer a unas sociedades que se revelan a una excesiva disciplina fiscal y a políticas extremas de austeridad: el contagió no se evitará si les va mal a los que promueven el cambio, por el contrario, el estímulo a los radicalismos es la inmovilidad. El domingo se celebró la cuaresma ortodoxa en Grecia y una inmensa mayoría agradecía dejar atrás la austeridad, los rescates y a la troika.

Así, hoy se termina este primer gran pulso con el gobierno de Alexis Tsipras, Grecia presenta sus reformas y “las instituciones”, con seguridad, las aprobarán, pero la adrenalina volverá a subir en abril y junio próximos cuando se den las revisiones de la prórroga.
 

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