Analistas

¿Comer sin miedo?

Es increíble la escasa resonancia y discusión que los medios, organizaciones internacionales, gobiernos, centros de investigación y academias del mundo le han dado a la carta dirigida a los líderes de Greenpeace, las Naciones Unidas y los gobiernos de todo el mundo, suscrita por 41 médicos, 34 químicos, 25 físicos, 8 economistas y 1 literato, todos galardonados con el Nobel entre 1962 y 2015.

Se trata de una carta abierta contra la organización ecologista Greenpeace que insiste en su rechazo a los alimentos transgénicos. El durísimo contenido urge a “reconocer las conclusiones de las instituciones científicas competentes” y “abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular”.

Los Organismos Modificados Genéticamente, OMG, son tan seguros como cualquier otro alimento, “si no más”, aseveran -con fundamento científico- los 109 premios Nobel y acusan a Greenpeace de “tergiversar los riesgos, beneficios e impactos” de los OMG y de “apoyar la destrucción criminal de cultivos de experimentación”. 

Los científicos se preguntan “¿cuántas personas pobres deben morir en el mundo antes de que consideremos esto un crimen contra la humanidad?” “Greenpeace ha encabezado la oposición al arroz dorado, que tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y las enfermedades causadas por la deficiencia de vitamina A, que se ceban con las personas más pobres de África y el sudeste asiático”. 

En 1999 se creó una variante del arroz modificando sus genes para producir un precursor de la vitamina A, pues según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, 250 millones de niños sufren una carencia de esta vitamina que aumenta el riesgo de padecer problemas oculares y ceguera. Esta descomunal cifra se traduce cada año en unos 500.000 niños ciegos y cerca de 50% de estos muere al año siguiente de la pérdida de la visión.

“Hacemos un llamado a los gobiernos del mundo para que rechacen la campaña de Greenpeace contra el arroz dorado, en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general”, insisten los científicos, mientras nos recuerdan -con las estimaciones de la FAO- la urgente necesidad de duplicar la producción mundial de alimentos y concentrados para 2050 si se quieren satisfacer las necesidades de la creciente población mundial.

La carta se encuentra en la web que promueve la iniciativa Apoya a la Agricultura de Precisión (supportprecisionagriculture.org) que lidera el Nobel de Medicina Richard Roberts, quien sin la timidez de sus colegas lleva años contra las campañas de Greenpeace. La organización ecologista responde -sin desvirtuar los datos científicos-, insistiendo en tres cosas: que los “cultivos nutritivamente mejorados ya existen”, que con 30% de los alimentos que en el mundo terminan en la basura “se alimentarían las personas que habitan la tierra hoy día y los que podremos llegar a ser en 2050”, y que “la solución más sostenible es mejorar el acceso a una alimentación sana y variada”. Esta oposición sistemática de evitar la intensificación de la agricultura y no utilizar cultivos transgénicos, en palabras de los Nobel, es emotiva y dogmática.

Cierro haciendo mía la pregunta del profesor José Miguel Mulet de la Universidad Politécnica de Valencia, autor de Comer sin miedo, ¿cómo accede la gente que vive con menos de un euro diario a una alimentación sana y variada?