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Cameron, buen discípulo de los extremistas II

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El “férreo” liderazgo que Ángela Merkel despliega sobre los miembros de la UE, no solo hace un flaco favor a la madura institucionalidad de la Unión -y habla muy mal de los otros líderes europeos-, sino que se ejerce con una severidad inversamente proporcional al músculo del país destinatario. Trato sin contemplaciones con Grecia y una tolerancia casi absoluta con el retador Reino Unido. 

La insensibilidad con los griegos la justifican, por el relajo e indisciplina fiscal que permitieron los gobiernos de centro (izquierda y derecha) que alternaban en Atenas y, por el discurso antieuropeo de los radicales de izquierda que llevaron al gobierno a Alexis Tsipras (columna 10-02-2015). Sin embargo, los que piden mano dura contra Grecia son blandos con el Reino Unido, y ciegos para ver que David Cameron ha desafiado la institucionalidad europea mucho más que los extremistas griegos. 

El 21 de mayo recordábamos que Londres amenazó con vetar al presidente de la Comisión y realizó la inadmisible petición de establecer cuotas de inmigrantes de la UE; convirtió en disputa política un ajuste técnico a los presupuestos europeos, arrinconó la modesta alternativa europea “Tritón” y quiere exigir más años de cotización a un trabajador de la Unión que a un nacional para acceder a deducciones fiscales, y como si fuera poco, desconocer la obligación de someterse a la competencia y decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La estrategia de los conservadores británicos para recuperar los votos que perdían con el UKIP, fundados en discursos que exacerban percepciones, emociones y, sobre todo miedo, no solo los reeligió con mayoría absoluta, sino que recibió el apoyo de la canciller alemana, que en rueda de prensa conjunta señaló que su gobierno está dispuesto a dialogar sobre las reformas a los tratados constitutivos de la UE que estos promueven.

La gira de dos días de Cameron también tuvo parada en Polonia y Francia, donde su homóloga, la liberal de centroderecha Ewa Kopaczle -pese a su euroecepticismo-, descarta la propuesta británica. El presidente francés -fiel a su tímido rol dentro de la UE- excluye cualquier nuevo Tratado “antes” de las elecciones de 2017.

Por su parte, la Unión -para cerrar el acuerdo con los acreedores- le exige a Grecia un incremento de 120% al IVA turístico. El que se aplica actualmente a los hoteles pasa de 6,5% al 18% (15% para pagos con tarjeta), atentando contra el sector más dinámico de la economía griega y el empleo que lo soporta, que en 2014 significó 17.000 millones de euros: el 9% de su PIB. 

Merkel y Cameron han olvidado que “Europa se forjó en las crisis, y es la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis” fundadas en el principio de la legitimidad democrática. Esto ha sido así desde su primera estrategia económica para lograr la paz duradera, que paradójicamente situó bajo una autoridad común las materias primas de la guerra (carbón y acero).

No obstante, querer justificar las reformas de la Unión fundándose en la voluntad democrática de unos, mientras se desconoce la de otros, es un error inmenso e inédito que pone en riesgo una integración que no han entendido sus líderes de hoy. Mientras la UE nos da lecciones de democracia y pone de ejemplo a España en materia de austeridad, los españoles masivamente la rechazan y nosotros nos preguntamos ¿quién es más extremista Tsipras con un mandato popular antiausteridad o Cameron con un encargo que desafía la multilateralidad? 
 

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