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Analistas 29/10/2021

Ahorrar para estar preparados

Enrique Pasquel
Head de Asuntos Corporativos de Credicorp

El ahorro como hábito financiero es una de las mejores herramientas al servicio de las personas para estar en capacidad de sortear incómodos imprevistos y asumir con calma el proceso de adaptación a un nuevo entorno.

Bajo esta premisa, y teniendo en cuenta la devastadora experiencia de la pandemia por el covid-19, uno de los principales aprendizajes que como sociedad debemos extraer de los últimos meses es la importancia de cultivar e impulsar la cultura del ahorro. No es una tarea sencilla, pues ello implica derribar barreras tanto externas como internas que alejan a las personas de alcanzar dicho objetivo.

Según datos del Índice de Inclusión Financiera de Credicorp, la radiografía más reciente sobre la inclusión financiera en la región, el ahorro es una de las prácticas menos comunes entre los ciudadanos, y Colombia no es ajena a esta realidad. Por ejemplo, el estudio reveló que 79% de los colombianos no ahorra, cifra explicada sin duda por factores externos a las personas (como niveles de ingreso insuficientes), pero también por variables como la ausencia de conocimiento, la falta de interés o la percepción negativa sobre el sistema financiero. Asimismo, sólo un 11% de quienes sí ahorran lo hace a través de medios formales.

Mejorar estos porcentajes es tarea de instituciones públicas y privadas y, en esa medida, de toda la industria financiera en la región. Ello, no solo para elevar el bienestar de las personas, sino también para que estén más preparadas ante cambios abruptos e inesperados. En esa línea, es crucial encontrar nuevas formas para incentivar el ahorro como buena práctica, y lograrlo exige profundizar en estrategias de educación financiera apoyadas en la digitalización.

Cada persona o grupo poblacional enfrenta retos diferentes, por lo que las campañas y medidas orientadas a mejorar los conocimientos financieros deben apostar por estrategias acordes a esa realidad. Sin embargo, lo cierto es que toda acción debe apuntar a incentivar tres factores clave para la cultura del ahorro: el entendimiento, la disciplina y la definición de un objetivo.

Dado que la falta de interés se relaciona estrechamente con el desconocimiento, es necesario seguir fortaleciendo los programas e iniciativas de enseñanza sobre temáticas económicas y financieras, enfocadas en brindar herramientas útiles que ayuden a las personas a entender el entorno financiero en el que se desenvuelven.

Por su parte, para la promoción de la cultura de ahorro, la disciplina y el establecimiento de un propósito son determinantes. Aunque el ahorro está sujeto a los ingresos, unas finanzas personales desordenadas no permiten el uso adecuado del dinero, así como no solo basta con aprender a hacer un presupuesto mensual, sino que es importante definir una meta a corto, mediano o largo plazo que motiven a guardar recursos.

Finalmente, es de resaltar que la cultura del ahorro es el punto de partida de un círculo virtuoso que lleva a aprender más del sistema financiero y a adquirir conocimientos especializados, los cuales permitirán pasar a la cultura de la inversión, un escalón arriba que aporta a la inclusión financiera.