Analistas

Tenemos la esperanza de una mejor república

 

¿Qué esperamos de 2013? Los invito a meditar un poco sobre este interrogante. Norberto Bobbio, teórico de la democracia y del pensamiento liberal,  no era amigo de la esperanza por considerarla una virtud teológica. Así lo expresó en su escrito Elogio a la Templanza. Contrario a esto, el filósofo Ernest Bloch, en su Principio de Esperanza, la defiende. 
 
Para Bobbio, las virtudes humanas, por excelencia, son la tolerancia, el rigor crítico, la duda metódica, no prevaricar, el respeto por las ideas ajenas, entre otras; conceptualización que comparto plenamente, no obstante, ser laico no choca con la esperanza, antes por el contrario, la refuerza, de allí que mi intención es que aterricemos en lo que para nosotros los colombianos es prioritario para este año.
 
Lo primero: que el  territorio de nuestra patria no se pierda o se reduzca. El gobierno de un Estado tiene la obligación de conservar el espacio geográfico de su patria, de allí que esperamos un gobierno capaz de revertir el fallo injusto del Tribunal de La Haya para que no sea aplicado o se invalide. 
 
Esperamos transformarnos en una verdadera república democrática en la que valores como la justicia, la paz, el pluralismo, la inclusión y el respeto a los otros sean realmente sólidos; por ello es tan prioritaria la reducción significativa de los hechos violentos o su cese definitivo como hecho constructor de paz.
 
De allí que sea totalmente válida la tarea de la desmovilización de los grupos armados ilegales, y es precisamente ese esfuerzo, con todo y sus defectos, la plataforma fundamental para construir un nuevo modelo de Estado sobre el cual cimentamos nuestras esperanzas. 
 
El Estado tiene que recuperar el monopolio de la fuerza, eso es absolutamente claro, pero no hay que confundir la desmovilización de un grupo irregular con la paz. Ayuda a la paz, pero no lo es.
 
Esperamos que la justicia sea pronta y considerablemente justa, esperamos que la rama judicial funcione sin más parálisis y que las otras ramas del poder público garanticen que la administración de justicia actúe con niveles óptimos de normalidad. Decisión judicial tardía, injusticia para todos.
 
Una república no soporta niveles de impunidad elevada,  es por ello que el respeto por los derechos humanos son un límite en las negociaciones con las fuerza ilegales porque a las víctimas hay que garantizarles un alto grado de justicia. Paz es justicia, no impunidad.
 
La seguridad alimentaria y vivienda digna son otras de las realidades que quisiéramos palpar en este 2013. La garantía de tener alimentos y un techo donde ver crecer a una familia, refuerza la dignidad humana. Esperamos que políticas públicas en estas materias se cristalicen de forma masiva.
 
Asimismo, anhelamos un sistema de salud capaz de beneficiar a todos, no queremos más un sistema explotado por unos pocos, sin ‘paseos de la muerte’ ni precios exorbitantes de las medicinas. Salud universal e igualitaria para todos.
 
El modelo presidencialista y centralista debe dar paso a un modelo dinámico, de autonomías regionales, de libertad política de todos y todas en beneficio de la unidad y de la fortaleza de la patria. Este es un proceso en el que venimos trabajando hace muchos años y que esperamos consolidar a favor de la equidad socioeconómica de Colombia.
 
El cambio de la estructura del Estado, es decir, pasar de un régimen extremadamente centralista a un modelo de autogestión de las regiones abrirá caminos de prosperidad, al liberar las potencialidades que hoy están oprimidas. 
 
Esperamos buenas leyes: El Parlamento sometido al poder del Presidente de turno, no es sano. Las buenas leyes no se negocian, las buenas leyes nacen de la libertad política y de la deliberación pública, por ello, creemos en la necesidad de que haya parlamentos regionales. Una república prospera con buenas leyes.
 
Y las buenas leyes nacen de buenas constituciones. La nuestra requiere reformas. En los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, Nicolás Maquiavelo recomienda la elaboración de una excelente Constitución. ¡Hagámosla!