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Seguridad hídrica en la agenda Caribe

En buena hora convocó el gobernador de Sucre, Édgar Martínez, el 1er. Consejo de Seguridad Hídrica Regional. La conclusión principal fue que necesitamos cobertura total de agua y alcantarillado, tarea que está pendiente y que debemos concretar este cuatrienio. Se demostró estadísticamente cómo aún hay extensos sectores de la región Caribe que padecen este drama, en especial, en los departamentos de Sucre, Magdalena y La Guajira.

Se requiere la definición de un enfoque macro e integral que garantice la prestación eficiente del servicio de agua y alcantarillado con operadores de comprobada capacidad. Hoy tienen baja cobertura y mala calidad del precioso líquido porque las fuentes de abastecimientos son débiles y no ofrecen seguridad en la cantidad disponible. Es el caso del río Manzanares, la Sierra Nevada en Santa Marta y el caso del Acuífero Morroa en Sucre.

El Atlántico también tenía serios problemas hace 10 años en la prestación del servicio de agua, pero se dio un vuelco con la creación de la Secretaría de Agua Potable durante la Gobernación de Carlos Rodado en el año 2004. La inversión de las tres últimas administraciones y la actual llegará a $1,3 billones, con lo cual, se habrá aumentado la cobertura de 60% de agua a 99,4% y de 40% de alcantarillado a 80%, lo que ha disminuido las muertes por enfermedades diarreicas de 39 a 4 por año.

Lo más importante en el Atlántico han sido tres cambios de enfoque en la prestación del servicio: El primero, lograr una fuente segura (río Magdalena), así se acabaron los pequeños acueductos municipales y depender de pozos que cada vez eran más escasos y contaminados.

El segundo: los municipios tenían dificultades de administración y comercialización, por tal motivo, se replanteó el esquema y se crearon acueductos regionales, de mayor tamaño y  capaces de transportar el agua desde grandes distancias. En efecto, desde Barranquilla se abastecen varios municipios que están a 100 kms y desde Ponedera se lleva agua a Sabanalarga a 29 kms.

El tercer cambio fue unificar el operador del sistema escogido de una manera científica, con mayor control financiero y una fuerte de comercialización.

Debe haber un gran consenso regional para materializar la solución en Magdalena y Sucre. No se puede seguir pensando en suministrar el agua a través de difíciles y costosas trasvases, con pozos de aguas profundas o con represas en los Montes de María porque tienen pequeñas reservas de agua y una gran dificultad técnica de operación.

En el caso del Magdalena, se está pensando en represas a lo largo de la Sierra Nevada con un alto impacto ambiental y poca producción de agua en algunas etapas del año.

Es preciso pensar en grande. El cambio climático exige fuentes seguras de gran caudal. Hay que transportar el agua desde el río Magdalena, en Magangué, hasta Sincelejo, Corozal y Tolú, y así impulsar un gran acueducto regional que pueda servir hasta los Montes de María. El transporte del agua con tubos de 48 pulgadas -unos 70 kms- tendrá un costo de US$60 millones. Para el caso de Santa Marta, traer el agua del río Magdalena transportándola a través de 90 kms, permitirá atender Tasajera, Pueblo Viejo, Ciénaga, Santa Marta y por qué no pensar en un ramal hasta Fundación. Este transporte podría costar US$80 millones.

La gran conclusión del 1er. Consejo de Seguridad Hídrica Regional convocado en Sincelejo es que estos cuatro años debemos asegurar el suministro de agua y de alcantarillado para todos los departamentos de la Región Caribe. Y el enfoque gerencial, institucional y técnico es la clave del éxito en esta tarea.