Analistas

¿Participación política? Sí, por qué no

Un tema materia de reflexión en las negociaciones de La Habana es el de la participación política. 

Los hechos han confirmado hasta la saciedad que mediante la violencia y el exterminio del otro no es posible salir del conflicto armado. Así de sencillo, los acuerdos, aún con imperfecciones y límites, son mejor camino que continuar con una guerra entre hermanos de una nación. Echarle más gasolina al fuego no es la vía.

En ese sentido no puede olvidarse la naturaleza de la participación política. Si no se entiende lo que es en realidad la participación política se es presa fácil de la argumentación que atiza el fuego de la guerra en contra de las negociaciones de La Habana. Es apenas consustancial a las discusiones de las partes en un conflicto armado que uno de los asuntos que se aborde sea su posterior participación política. No puede ser de otra manera. En nuestro caso, este fue el motivo que alimentó el inicio de la guerra.

La participación política es ante y sobre todo un derecho humano. No lo olvidemos. Si lo olvidamos, seremos canal de los argumentos de los detractores de las negociaciones como medio para la superación del conflicto armado. Asimismo, no puede pasarse por alto que los derechos humanos nos pertenecen a todos por el solo hecho de ser miembros de la especie humana. Y, los guerrilleros, que negocian su reincorporación a la vida democrática,  no han dejado de pertenecer a la especie humana y no debemos permitir eso.

Seres humanos negocian en La Habana. Los miembros del gobierno y los rebeldes armados en serio camino de desarme son seres humanos y nos tenemos que comprometer a evitar que dejen de ser tratados como humanos. El derecho a la participación política está garantizado en el artículo 21 ordinal primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Lo expresa en forma categórica.  La participación política es un derecho humano de todos, sin excepción alguna.

Lo dice el texto: “Toda persona tiene el derecho de participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de sus representantes libremente escogidos”. Toda persona tiene el derecho de participación política. La norma universal no excluye a nadie. Donde no distingue el legislador -Naciones Unidas y la Comunidad Internacional- no debe distinguir el intérprete, lo enseñan las reglas de la hermenéutica universal y la jurídica. Otra cosa es la representación política que puede limitar el ejercicio.

De hecho, refiriéndose a la representación política, no existe acuerdo en las negociaciones como derecho de todos los alzados en armas porque normas internacionales que, hacen parte de nuestro derecho interno, en determinados asuntos, limitan el ejercicio del derecho a la representación política, como derecho a ser elegido, a las personas responsables de delitos que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario no lo permiten y lo prohiben.

Finalmente, recuerdo que Norberto Bobbio en su autobiografía,  insistía: “La paz hoy es un hecho demasiado importante, como dice la moción, para ser dejada en manos de gobernantes: añadiré de buen grado que demasiado importante también para ser confiada a la organización de los partidos”. En definitiva, apoyemos los acuerdos de La Habana. Apoyemos, más allá de las imperfecciones y los desacuerdos que tengamos. Lo que tenemos que apoyar es la salida del conflicto armado, por eso vale la pena el SÍ.