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Lo vivido en el sur del Atlántico marca un antes y un después en la masificación de la autonomía territorial hacia toda Colombia.
En la plaza del municipio de Campo de la Cruz y en el Centro Integral para la Cultura y la Convivencia que estamos construyendo en Suan, no presenciamos una visita más: el acto constituyó la primera aparición pública del presidente electo Abelardo De la Espriella y la ratificación de que la bandera de la autonomía regional se transforma en una causa nacional irreversible.
El anuncio de un respaldo “total” a la conversión de la RAP Caribe en Región Entidad Territorial (RET) empieza a saldar una deuda histórica con esta zona del país, que siempre le ha apostado a definir su futuro por voluntad propia.
A 35 años de haberse redactado la Constitución de 1991 -en la que, como constituyente, promoví la inclusión de los artículos 306 y 307, que albergan el germen de la autodeterminación de departamentos y municipios en el manejo de sus asuntos-, la queja constante sigue siendo que el centralismo se ha atravesado en el camino del desarrollo pleno de estos preceptos.
Como lo expresó el mandatario electo, solo un hijo de la provincia entiende que descentralizar el poder es la única vía para llevar desarrollo económico y un futuro sólido a cada rincón de Colombia.
Por eso le expresé con firmeza: un periodo gubernamental de cuatro años pasa muy rápido; por ende, si usted concreta la creación de las regiones como entidades territoriales, quedará en la historia como el presidente que reorganizó a Colombia bajo un modelo regional, reduciendo de raíz las inequidades socioeconómicas que nos roban la paz.
Esta causa ha exigido paciencia y perseverancia de muchos. Su antecedente más sagrado es el histórico Voto Caribe del 14 de marzo de 2010, cuando 2,5 millones de ciudadanos depositamos en las urnas la papeleta por la autonomía, a pesar de que el centralismo catalogó esa hazaña como un simple «ejercicio pedagógico sin obligación alguna».
Para encauzar esa voluntad popular, superamos la insuficiencia de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (Ley 1454 de 2011) e impulsamos la Ley de Regiones (Ley 1962 de 2019), norma que fijó la hoja de ruta definitiva.
Desde el Caribe hemos cumplido con rigor cada uno de los pasos reglamentarios: el respaldo de las siete gobernadoras y gobernadores que integramos la RAP Caribe; la autorización de los diputados expresada en la Gran Asamblea del Caribe del 9 de mayo de 2025 en Barranquilla; y el concepto favorable de la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT) del Senado, emitido el 14 de agosto de 2025, que respaldó la pertinencia de nuestra conversión en entidad territorial. Todo esto nos ha traído hasta aquí.
Ahora el compromiso pasa al Ejecutivo. Corresponderá al nuevo presidente radicar ante el Congreso de la República el proyecto de ley que convoca a la prueba de fuego: el Referendo por las Regiones, previsto para las elecciones de octubre de 2027, en el que se le preguntaría al ciudadano si quiere que su departamento haga parte de una región autónoma.
El referendo es la herramienta legitimadora para que el pueblo rompa el yugo del centralismo y reclame una distribución justa de los ingresos.
Resulta insostenible que la Nación siga administrando 85% de los recursos mientras deja un exiguo 15% para las entidades territoriales, que son las que producen toda la riqueza.
Singapur se construyó sobre la competencia. Colombia ha tenido buenos servidores públicos, pero el gobierno saliente debilitó ese principio