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Analistas 10/12/2020

Cambio climático y desastres

Eduardo Verano de la Rosa
Exgobernador del Atlántico

Hoy hace 23 años (Dic 1997) como MinAmbiente de Colombia firmé el Protocolo de Kyoto. El objetivo de la Cumbre de la ONU era advertir los peligros y luchar contra las causas del cambio climático. Muchos ignoraron y hasta se burlaron de las advertencias de los científicos.

Más de 31 ciclones tropicales, se han formado en el Caribe este año, superior a cualquier otra temporada. La Organización Meteorológica Mundial explica las razones de este incremento atribuyéndolo al calentamiento global. Aún no se ha dimensionado el problema del cambio climático originado por la afectación a la capa de ozono por las emisiones excesivas de CO2 (dióxido de carbono).

Ahora quedan dos tareas controlar y absorber estas emisiones para evitar que se llegue a los dos extremos de máximas sequías y máximas lluvias.

Si el planeta no detiene el deterioro de la capa de ozono tampoco interrumpirá el proceso de afectación de los umbrales de temperaturas oceánicas que seguirán variando con exageración y de manera agresiva, lo que intensificará las tempestades y las sequías. Obviamente ocurrirán todos los fenómenos tropicales con mayor frecuencia y capacidad de destrucción.

Parte el alma ver las imágenes de Providencia y San Andrés y da un sentimiento inevitable de impotencia las personas humildes que pierden sus casas, sus enseres y su tranquilidad. Todo por un fenómeno climático que se agravará.

Viví junto a nuestros compatriotas del Sur del Atlántico un proceso de inundación por lluvias excesivas que cambio sustancialmente su manera de vivir. Dependían de su disciplina y del apoyo del Gobierno para salir adelante de los estragos causados. El estado debe acudir con toda su fuerza para dar no solamente consuelo y caridad, sino apoyo real en su reconstrucción total. Es lo menos que se debe hacer.

Lo que ocurrió en Providencia por el Iota solo tiene el antecedente del huracán Mathew en 2016 que fue categoría 5. Este pasó a 120 km de la Guajira y el Iota pasó a 35 km de Providencia cuando estaba en categoría 4 y cuando subió categoría 5 estaba a 65 km de Providencia, además, fueron dos huracanes seguidos.

Estar debajo de un huracán es una experiencia tenebrosa. Las construcciones no están hechas para soportarlo. Los vidrios estallan, los techos vuelan, los árboles se caen, y no se debe salir. La sensación de impotencia dura toda la tormenta, además de la angustia por tratar de proteger a los familiares. En Providencia se habían hecho ejercicios de comportamiento ciudadano antes del paso del huracán. Por eso, no hubo víctimas mortales.

Las tormentas se estudian, se clasifican y se bautizan en orden alfabético con nombres de mujeres. Pues ya se agotó el alfabeto latino y fue necesario iniciar nombres con el alfabeto griego. La afectación ha sido no solo en San Andrés y Providencia también hubo en Córdoba, Chocó, la Guajira, Atlántico y Cundinamarca; que tuvieron que decretar calamidad pública.

Nunca estaremos preparados para afrontar un huracán de esta categoría, aunque se vaticinen a tiempo. Tampoco podemos advertir sus verdaderas dimensiones y la gente queda indefensa y expuesta. Lo importante es construir un Plan de Adaptación con acciones preventivas a tiempo con más alertas tempranas. Hay que adaptar comunidades, ecosistemas e infraestructuras a lo viene por el calentamiento global. Es preferible invertir 0,5% del PIB en programas preventivos, que 4,5% del PIB en reconstrucción de daños.

Confirmado: el cambio climático ya está presente y es una realidad.