Analistas

Alarmante desigualdad

Que Colombia tenga uno de los mayores registros de desigualdad del planeta no es nada novedoso. Los estudios que algunos académicos han realizado muestran el alto grado de concentración de la riqueza en los percentiles más altos de la población. De la misma manera, tampoco son nada novedosas, para los estudiosos de estos temas, las conclusiones de la Cepal que publicó El Tiempo, sobre el índice de Gini que arroja valores diferentes, dependiendo si se calcula con las encuestas, según la metodología del Dane, o si se realiza con base en los registros de impuestos que pagan los contribuyentes. Para nadie es un secreto las dificultades del trabajo de  campo que encuentran los encuestadores, cuando realizan la recolección de datos en los sectores más acaudalados de la población, donde hay, supuestamente, mayor interés en ocultar, no solo sus altos ingresos, sino su mayor propensión a la elusión y evasión de impuestos.

Facundo Alveredo y Juliana Londoño tienen un interesante estudio, que mantiene vigencia, sobre la concentración de la riqueza en Colombia. Ellos concluyen que, para 2010, el uno por ciento de los colombianos, más ricos, capturaba 20,1% de los ingresos del país, frente a 19,9%  en 2007. Estas cifras se acercan a las que trae el estudio de la Cepal que analiza el período 1993 – 2014, donde muestra que el uno por ciento más rico de la población, obtiene 20,5% del ingreso total del país, siendo la mayor cifra de ingresos de ese segmento de población, comparada con las de todos los países de Latinoamérica. Alveredo y Londoño muestran los índices de Gini del 2007 al 2010: 59, 54, 54,4 y 55,4 respectivamente, según el método de las encuestas, que bajan, alrededor de seis puntos, cuando se calculan, excluyendo 1% de la población más rica, mostrando lo que podríamos coloquialmente llamar, una nivelación por lo bajo. De igual manera, en el período 2007-2010, esos índices de Gini son alrededor de tres puntos porcentuales más bajos, si el cálculo se hace con el método de las encuestas, a si se hace con base en la información tributaria. Lo verdaderamente preocupante de este estudio es que concluye, con base en las cifras, que la tributación en nada contribuye a la equidad, por la evasión y por el gran número de exenciones de los sectores más acaudalados.

Es claro entonces que no se pueden menospreciar, como lo intentan los voceros del Gobierno, las preocupantes cifras que trae la Cepal en su publicación. El hecho de que el Dane haya adoptado una metodología, respetable desde el punto de vista conceptual, no justifica el desconocimiento de una metodología que no es tampoco una innovación, entre los estudiosos de estas materias, sino que obedece a criterios académicos diversos que buscan ajustar las variables que afectan los datos base de los cálculos de una ciencia que, como la estadística,  evoluciona para minimizar el margen de error que siempre estará presente en este tipo de análisis.

En ese orden de ideas, tenemos que repetir lo que hemos afirmado en otras oportunidades, y que hoy cobra actualidad, en época de desaceleración económica y  frente a la necesidad de buscar recursos frescos para enfriar el recalentamiento de algunos indicadores económicos, de cara al debate de la reforma tributaria: los nuevos recaudos tienen como objetivo principal  el aumento del IVA, por lo menos en tres puntos porcentuales, y nada indica que, en esta oportunidad, haya la decisión política de privilegiar las rentas de trabajo sobre las rentas de capital, o de revisar el gran número de exenciones y exoneraciones tributarias que generalmente han pasado de excepcionales a permanentes,  generando odiosos privilegios.  

Preocupa, entonces, la concentración de la riqueza que muestran las cifras en Colombia y la vulnerabilidad de ciertos sectores que han superado los niveles de pobreza, frente a una reforma tributaria sin carácter redistributivo que, a primera vista, tendrá como soporte principal un impuesto que resulta francamente regresivo.