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Analistas 26/11/2020

Recursos a la medida de la contingencia

Didier Tavera Amado
Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

Los efectos y consecuencias de la temporada invernal que viene sufriendo el país, unidos a las secuelas que está dejando la pandemia, nos obligan a seguir perfeccionando fórmulas y revisar alternativas que hagan palpable la consigna según la cual la reactivación regional es la reactivación de Colombia.

La inversión a través del Presupuesto General de la Nación, la disposición efectiva de nuevos recursos de regalías, los subsidios, las transferencias monetarias segmentadas a los más vulnerables, y en general todos los componentes del gasto público nacional y regional, hacen parte de la caja de herramientas disponibles para lograr ese objetivo.

El verdadero desafío está en hacer eficiente el uso de los recursos en medio de las necesidades crecientes y en consolidar una política que estimule los encadenamientos productivos, sin dejar de lado compromisos urgentes como los que se derivan del Plan de Reconstrucción de los Cien Días del archipiélago de San Andrés y Providencia, que convoca los esfuerzos del Estado y de la sociedad.

Las opciones para lograrlo pasan también por un fortalecimiento presupuestal -que podríamos llamar contingente- y por la habilitación de nuevas líneas de crédito para las administraciones territoriales que ven sensiblemente disminuidos sus recursos para la prevención de riesgos y la atención de desastres.

En la caja de herramientas hay modelos replicables. El Gobierno Nacional, mediante el Decreto 468 del 23 de marzo del presente año, facultó a Findeter para ofrecer el servicio de crédito directo a las entidades territoriales, con el fin de garantizar a gobernaciones y a alcaldías el acceso a recursos de manera directa con esa entidad, sin la intermediación de la banca comercial, con lo cual bajan los costos financieros con tasas mucho más competitivas.

La ampliación del espectro de los créditos garantizados por la administración central podría lograrse también con la ampliación a todas las regiones del país, al menos de manera temporal, de beneficios diseñados en principio para los territorios PDET para que puedan disponer también de un mayor flujo de recursos para hacer sostenibles sus proyectos de desarrollo económico.

No podemos ignorar, por supuesto, que aparte del apoyo en financiamiento que está otorgando el Gobierno Nacional Central para apoyar a los gobiernos locales a través de Findeter, es importante la inversión directa que realicen los gobiernos en todos los niveles, en sectores que sean motores de reactivación económica y desplieguen la capacidad de acelerar la generación de ingreso y de empleo.

Cobra mayor vigencia e importancia el Programa Un nuevo Compromiso por el Futuro de Colombia, lanzado por el presidente de la República hace cuatro meses, acompañado por el alentador anuncio de inversiones por $100 billones y la generación de un millón de empleos.

La emergencia que vivimos coincide con un ciclo bajo en la economía mundial. Por eso es recomendable prestarles mayor atención a los expertos que aconsejan que una política pública contracíclica nacional y regional debe soportar e impulsar, en el corto plazo, actividades que dinamicen el consumo como elemento fundamental para la reactivación.

Hay, claro está, presupuestos alentadores, producto de los esfuerzos conjuntos entre Gobierno Nacional, administraciones territoriales y Congreso de la República. Con la nueva Ley de Regalías, los municipios y los departamentos tendrán disponibles en el periodo 2020-2021 más de $15,7 billones para inversión social directa. Esa cifra incluye asignaciones directas para las regiones productoras, estimadas en más de $3,8 billones, en donde los recursos para la inversión regional superarán los $5,2 billones en beneficios de la reactivación.

Todo eso es cierto. Sin embargo, no podemos perder de vista el gran reto que tienen las entidades departamentales pues, en el primer semestre de de 2020, los ingresos totales cayeron 9 por ciento en relación con 2019, por efecto de la pandemia; los ingresos no tributarios de los departamentos en el primer semestre de 2020 fueron el 38 por ciento del valor esperado, mientras que los ingresos de capital alcanzaron el 51 por ciento de ese valor y los recaudos tributarios sólo fueron del 63 por ciento.

El estancamiento de los tributos departamentales se ha reflejado en el hecho de que solo fue alcanzado el 64 por ciento del valor esperado. La inversión en formación bruta de capital fijo fue la más afectada, pues disminuyó de $806.000 millones a $274.000 millones.

Hoy, los desastres naturales, las consecuencias de la pandemia y el reto a futuro de continuar por el sendero del progreso que veníamos experimentando antes de marzo de 2020, nos obligan a buscar fórmulas innovadoras para superar la realidad presupuestal y responder a la realidad de los habitantes del territorio que sufren por su causa.