Analistas 09/09/2020

Hágalo ya: no posponga lo esencial de su vida

¿Alguna vez ha dejado algo que de verdad quiere hacer para más tarde? No me refiero a una obligación que tenga, a algo que comprende que debe hacer, pero que le aburre o a un requerimiento de alguna autoridad, justificado o no, sino a algo que lo haría feliz, que cree que si tuviera completa libertad lo haría por gusto. ¿Ha dejado de hacer eso para más tarde?

De pronto, al comenzar la cuarentena pensó que quizá ahora podría tener tiempo para hacerlo, ¿verdad? El solo hecho de no tener que ir de su casa al trabajo y volver le iba a dar un buen tiempo libre. Quizás muchas de esas rutinas del trabajo que quitan tiempo y que parecen que no sirven para nada se iban a acabar. Sin embargo, no sabe cómo ni por qué, en este momento es, justamente, cuando tiene menos tiempo disponible. ¿Dónde fueron a parar esas horas de transporte que ya no usamos? ¿Por qué hasta los días que parecen menos pesados terminan acabando tan tarde?

Pero esta época también nos recuerda nuestra fragilidad y lo breve de la vida. Para muchos, es nueva esa sensación de que nuestro futuro puede no ser tan largo como a veces nos empeñamos en creer. Estamos acostumbrados a ver nuestro tiempo futuro como si se tratara de una cuenta corriente en la que hubiera depositados miles millones que pidiéramos gastar sin temor a que se acabaran. Y, de pronto, viene esta enfermedad y nos dice que quizá no es tan cierta nuestra fantasía de longevidad, que lo que creemos que es permanente puede cambiar de un momento para otro.

Así que, ¿para cuándo estamos dejando esas cosas que tanto apreciamos y que no hacemos porque pensamos que podemos hacerlas mañana cuando salgamos de “esto” y de “aquello” que tenemos la obligación de hacer?

Como digo, no se trata del tradicional “lo urgente impide hacer lo importante”, ni del “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” que tienen un tono muy de productividad. Hablo de aquellas cosas que estamos aplazando comenzar para cuando dispongamos de tiempo libre, para cuando podamos hacer “lo que queramos”. Por ejemplo, pienso en ese libro gordo tan interesante que nos ha estado esperando desde hace años. O ese curso de cocina que hemos ido postergando. Seguro que usted tiene muchas de esas cosas ricas pendientes, ¿para cuándo?

Un lugar muy especial en esas cosas que absurdamente aplazamos lo ocupa esa conversación con algún familiar o un buen amigo que aplazamos porque sabemos que contamos con su cariño incondicional. O jugar con nuestros hijos porque actuamos como si nunca fueran a crecer.

Finalmente, están esas obras de caridad que sabemos que debemos hacer, pero que por su misma naturaleza son siempre aplazables. Sabemos que hay personas pasando necesidades apremiantes y sabemos que podemos ayudar; es más queremos hacerlo. Pero hoy, precisamente hoy, tenemos todas esas reuniones y llamadas e informes que presentar, de manera que dejamos nuestra ayuda para mañana, y mañana para el nuevo mañana y así semana tras semana.

Quizá esta epidemia nos haga reflexionar sobre lo absurdo de nuestro comportamiento. Quizá seamos capaces de vencer esa inercia y empezamos a hacer ya, hoy, todas esas cosas satisfactorias que de aplazarlas, puede ser que no hagamos nunca y que sería una verdadera lástima que nos perdiéramos.