Analistas 09/06/2020

El peligro de la costumbre

Es sorprendente lo fácil que los grandes cambios se nos vuelven costumbre. Escribo esto a principios de junio, cuando hay cerca de 34.000 casos reportados, y lo comparo con hace apenas poco más dos meses, que recién comenzaba la cuarentena, cuando había 500. En ese momento casi no había personas en las calles; cuando alguien salía lo hacía con mucho temor y grandes precauciones. Hoy, que claramente el riesgo es mayor, todo se hace con más normalidad, ¿no es eso absurdo?

Aclaro que mi intención no es evaluar, criticar o alabar las medidas tomadas. Mi reflexión es sobre este comportamiento que veo en los demás y en mí mismo. Con los primeros casos nos parecieron apropiadas todas las restricciones; hoy ya estamos cansados de ellas. Hace unas semanas pasábamos malas noches pensando en todo lo malo que nos podía pasar; hoy dormimos con tranquilidad. Y el riesgo, lejos de bajar, ha subido y está en alza.

Se habla hoy con frecuencia de cms, esa palabra difícil de decir y doblemente extranjera pues viene de la ingeniería de materiales a los hombres, y del inglés al español. Pero acostumbrarse no quiere decir ser resiliente. Es distinto recuperarse activamente ante la adversidad que acostumbrarse pasivamente al cambio. Puede ser incluso, en algunas circunstancias, justamente lo contrario.

Lo que me ha hecho reflexionar esta “adaptación” a la nueva normalidad es a cuántas cosas estaremos acostumbrados que ya no las notamos. Si este mundo que vivimos hoy nos parece normal y hace dos meses nos hubiera parecido absurdo, ¿en qué mundo absurdo viviremos sin darnos cuenta? ¿Qué cosas creeremos sin cuestionarlas?

Sé que es un ejercicio difícil, pero ¿cómo evaluaríamos nuestro mundo, nuestra sociedad, si viniéramos de otro mundo u otra época? ¿Qué dirían nuestros antepasados de la forma en que vivimos hoy? Las cosas que creemos y que damos por sentadas, ¿son tan obvias? ¿Son tan avanzadas? ¿Somos tan civilizados como nos creemos?

Cuando vemos películas o leemos libros que recrean el pasado pensamos, ¿cómo se les podía ocurrir hacer las cosas así? ¿Por qué creían que esas tonterías eran verdad? ¿Por qué le creyeron a tal o cual líder? Me pregunto, si hubiéramos vivido en esas épocas, ¿lo habríamos visto igual? Seguro, no. Y más importante, ¿a qué estaremos acostumbrados hoy que más adelante será mirado con desaprobación?

Cuando esto comenzó todos parecíamos muy dispuestos a ayudarnos unos a otros, nos eran naturales los actos de generosidad. Desafortunadamente, eso es difícil volverlo hábito. ¿Qué de tantas cosas que cambiamos para mejor en estos días, regresarán más adelante?

Y, por el contrario, ¿a qué nos acostumbremos que no debiéramos, como al sufrimiento y dolor ajenos?

Si logramos, conscientemente y con esfuerzo, mantener nuestra capacidad de asombro, nuestra actitud crítica ante las cosas que pasan y lo que hacemos, quizá podamos aprovechar esta pandemia para mejorar como personas.