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Analistas 07/04/2026

El presidente

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Según nuestra Constitución, el presidente debe garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos y asegurar el cumplimiento de la Constitución y las leyes, lo cual parecería ser un rol muy claro. Sin embargo, nuestro presidente ha optado por ejercer su mandato sin el cumplimiento de esta función básica. Es que nuestro jefe de Estado funge más como jefe de la oposición y agitador en jefe, lo que le ha traído, no hay duda, grandes réditos políticos. Es oposición a su mismo gobierno y es oposición al Estado, a las instituciones que creó el mismo Estado.

Como jefe de Gobierno le corresponde ser el comandante supremo de nuestras Fuerzas Militares, de manera que lo que allí pase es su responsabilidad. Y lo que muestra el terrible accidente en el que murieron 79 muchachos, soldados de nuestro Ejército, es la responsabilidad de ese jefe supremo, más cuando este admite que la causa está en el estado de la aeronave en que viajaban.

La misma “chatarra de 40 años” en la que se ha transportado la tropa en sus tres años y medio de gobierno, que no preocupó al jefe de Estado, quien estaba pendiente de la compra de unos aviones de guerra que no se usan. Pero como jefe de la oposición y agitador salió a culpar a los “gringos” que regalaron esa chatarra y a las Fuerzas Militares por usarla. No es la única situación en que ha fungido de jefe de la oposición y agitador. Lo hecho con las EPS intervenidas (por él), con su política de vivienda y con la corrupción de sus funcionarios, entre muchos otros temas, así lo demuestra.

Pero no solo es oposición y agitador contra el Gobierno; también lo es frente a las instituciones. Cabe mencionar el poder electoral, una de las pocas instituciones del Estado que funcionan, al reclamar que el sistema estaba montado para un fraude. El mismo sistema que lo eligió como presidente y que además garantizó el triunfo de sus fuerzas políticas en el Congreso. Pero, por si acaso su populismo no funciona electoralmente, ¡es bueno echarle la culpa al sistema!

También se ha ido contra las otras ramas del poder y ha sido crítico de la labor de las cortes, haciendo una fuerte oposición a sus fallos y promoviendo, como agitador profesional, que la gente se manifieste contra sus decisiones, en lo que casi llega a ser una asonada contra las cortes. Y, obviamente, ha sido grande la oposición y la presión en la plaza pública contra el Congreso, en el cual es mayoría y que además ha comprado los votos de quienes no son de su bancada con contratos.

No han faltado las manifestaciones y el bloqueo del Congreso por parte de la minga indígena, de manera que ha trasladado a la plaza pública el debate del Congreso en una acción desafiante y desestabilizadora.

Y, para ponerle la cereza al pastel de la beligerancia contra el mismo Estado que preside, ha decidido emprenderla contra el Banco de la República, otra institución con independencia del presidente, cuya función es controlar la inflación y que ha tenido que tomar medidas frente a un gobierno gastón que ha aumentado la oferta monetaria y el déficit fiscal a través de préstamos en dólares caros.

Con el gasto público desbordado y un presidente en agitación permanente que no parece gobernar -que es el arte de lo posible-, sino agitar y oponerse a todo, el presidente ha logrado separarse de los fracasos de su gobierno y enviar un mensaje según el cual quiere resolver los problemas que los demás (su gobierno y las instituciones) generan y no lo dejan. Pero no hay duda de que la fórmula le ha traído un gran éxito electoral.

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