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Analistas 26/01/2022

Capital para crecer

Carlos Andrés Pérez
Director económico y de competitividad de la Cámara de Comercio de Cali

La historia es conocida. Un empresario identifica una oportunidad de crecimiento: desarrollar un nuevo producto o servicio; adquirir una tecnología que aumentará su productividad; llegar a un nuevo cliente internacional; atender un gran pedido; abrir un nuevo local; ampliar su capacidad o iniciar un nuevo emprendimiento. El empresario evalúa la situación y la considera, digamos, buena. Pero aprovechar estas oportunidades suele requerir algo escaso para empresas en proceso de expansión en países en desarrollo: capital, “plata”, como llamamos a ese recurso necesario para impulsar el crecimiento de empresas con capacidad de generar valor en el mercado.

Las empresas suelen nacer apalancadas en recursos propio y aportes de amigos y familiares del emprendedor. En Colombia, menos de la mitad de estas sobrevive los primeros cinco años de operación y solo un pequeño porcentaje logra acumular activos y un buen historial financiero. La primera opción de acceso a capital para crecer suele ser la banca tradicional, donde muchas empresas ven frustradas sus posibilidades de crecimiento, internacionalización y aumento de productividad. El problema radica en el alto nivel de riesgo con el que son evaluadas y el deber de los bancos de administrar los recursos de ahorradores y accionistas bajo estrictos parámetros. En general, las tecnologías, productos financieros o esquemas que reduzcan ese riesgo o que conecten a estas empresas con fuentes de financiación privada que lo toleren, impulsarán su crecimiento.

La dificultad para acceder a financiación contribuye a explicar la baja productividad de las empresas colombianas y, por tanto, el menor nivel de desarrollo económico y los bajos ingresos de los hogares. Actualmente, seis de cada diez trabajadores urbanos en el país son informales y en las zonas rurales lo son ocho de cada diez. Una tercera parte trabaja en microempresas y dos terceras partes trabaja por cuenta propia o en empresas de menos de 5 trabajadores. Más de la mitad gana menos de un salario mínimo y dos tercios de los cotizantes no tendrán una pensión. En cuanto a las empresas, ocho de cada diez tienen entre uno y tres empleados y solamente una de cada 100 tiene más de 10 trabajadores; menos del 1% exporta y solo 0,2% son catalogadas como innovadoras en sentido estricto. Necesitamos más empresas medianas y grandes que, al ser más productivas, pueden ofrecer mejores condiciones laborales. Las pocas medianas y grandes empresas que operan en el país generan 60% de los empleos formales. Necesitamos más micro y pequeñas empresas transitando la senda para llegar a ser medianas o grandes; y que muchas escalen de forma importante. Para lograrlo necesitan, entre otras cosas, “plata”.

Este contexto representa una gran oportunidad para que empresas de otros sectores como la industria, los servicios, el comercio o constructoras, ajusten sus modelos de negocio con esquemas de proveeduría y comercialización que faciliten la financiación a Mipymes que quieren y pueden crecer, entre estas, sus propios proveedores y clientes. Actualmente, no solo la banca tradicional, sino otras empresas del sector financiero como aseguradoras, fondos de inversión, fondos de garantías, todas las fintech y la misma Bolsa de Valores, están desarrollando o ya tienen en el mercado novedosas soluciones financieras empresariales. Es necesario diseñar e implementar esquemas de financiación para empresas con potencial que enfrentan restricciones de acceso al crédito.

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