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El doctor Rafa y una muerte más que prematura

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Armando Lugo

Todas las muertes son lamentables y cuando suceden a nuestro lado, ese lamento genera un vacío enorme que nunca nadie llena. Y más aún cuando quien desaparece ha dejado una obra intelectual importante labrada a pulso con gran entusiasmo y disciplina. Hace pocas semanas, la academia perdió al teniente coronel, Rafael Jiménez Vega (1968-2019), un humanista e intelectual que se destacó por su altruismo y amor por el país, manteniendo siempre la férrea decisión de construir una sociedad mejor; una Colombia cívica, reconocida por los ciudadanos por sus altos valores éticos y morales, por su labor social y cultural, por sus aportes al crecimiento del país.

Era un hombre como pocos. Hijo, padre, profesor y amigo que se destacó por su generosidad y compromiso con su familia y sus amigos. Quienes lo conocimos no podremos olvidar que cada una de sus relaciones las marcaba por un liderazgo enfocado en el crecimiento personal, espiritual y material de todos los que le rodeaban. Además de su esmero por cultivarse en lo académico -con la disciplina militar que lo caracterizó en vida- fue uno de los mejores equitadores colombianos, ganando docenas de competencias locales e internacionales; deporte del cual su familia paterna ha sido promotora por décadas.

Su vida familiar giró en torno a sus tres hijas a quienes llenó con su amor inconmensurable, comprensión y respeto por su formación individual, permitiéndoles que se desarrollaran intelectual, física y culturalmente, llenándolas de autonomía y de autodeterminación, como personas responsables. Como académico, se tituló como Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, Magister en Relaciones y Negocios Internacionales de la Universidad Militar Nueva Granada, Especialista en Seguridad y Administrador Policial. Como catedrático se desempeñó en el Politécnico Gran Colombiano, la Universidad Escuela de Administración de Negocios, EAN; la Universidad Militar Nueva Granada y en la Escuela de Posgrados de la Policía Nacional, esto, sin desconocer, que publicó diversos artículos y libros dentro de los que se pueden enunciar: “El nuevo constitucionalismo latinoamericano”, ensayos sobre el pos-acuerdo, “Las nuevas demandas de seguridad”; “La Policía Nacional en el posconflicto, “El reconocimiento: una condición indispensable para la existencia del Estado”, “Las Relaciones entre Estado, seguridad y la institución de Policía”.

Nunca sobra, por más cliché que parezca, ajustar a una persona que desaparece y sus amigos lamentan su muerte aquel verso de Brecht que reza “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. El doctor Rafa era uno de esos que dejan una huella enorme entre quienes lo pudimos conocer, fue un ejemplo de disciplina, de esfuerzo, de inteligencia, un ser cargado de don de gentes y bendecido con el don de la superación más allá de donde la sociedad le imponía sus roles y funciones. En este mismo rincón escribió muchas columnas sobre el acontecer nacional y los retos del país en la construcción de un posconflicto; hoy nos deja pero su ejemplo seguirá allí intacto como quien entrega un bastón en una competencia para que los que tuvimos contacto personal con él lo retomemos y sigamos adelante con aquellas empresas intelectuales que son ahora un imperativo para seguir construyendo país desde varias orillas.

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