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Analistas 23/09/2025

Haciendo visible lo invisible

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados
La República Más

Me he apropiado, para el título de este escrito, del logotipo de la Fundación Corazón Verde, que este año cumple 25 años de una labor absolutamente encomiable y ejemplar, y premió, entre otros, al mejor policía del año 2025. Su trabajo es un ejemplo de cómo se pueden hacer cosas buenas y positivas en nuestra sociedad.

Las noticias y los escritos no pueden quedar solamente en simples análisis, en resaltar lo que está funcionando mal, en las matanzas, guerras, corrupción, sino que también es necesario exaltar las cosas buenas, como la excelente labor de la mencionada Fundación. Pero, a través de ella, y sobre todo -y más importante-, es necesario poner en primer plano los actos heroicos de los policías y, en general, de todas nuestras fuerzas armadas, que hoy por hoy son carne de cañón, exponen su vida, su integridad, sus familias, su bienestar por todos nosotros. Sus actos constituyen algo que, siendo totalmente honestos, es difícil de comprender: cómo una persona expone, de esa manera tan sin igual y valerosa, todo lo suyo por defender a los demás.

Tuve la oportunidad de asistir a la gala de premiación del mejor Policía -así, con mayúscula- de Colombia. Lo embargan a uno sentimientos absolutamente contradictorios. En primer lugar, una emoción indescriptible al ver cómo hay gente como los policías, que son, sin lugar a dudas, seres humanos superiores, que nos prestan un servicio invaluable. En segundo lugar, una indignación, un sentimiento de reproche hacia todos nosotros, los protegidos y beneficiados por los miembros de nuestras fuerzas armadas, por nuestra pasividad, por nuestra indolencia, por lo poco que hacemos. Porque la supuesta admiración que sentimos se nos queda solamente en palabras, en algo de conmoción, pero realmente en poco o nada de solidaridad. Es absolutamente infame la pasividad de nosotros, la gran mayoría de los colombianos, frente al actuar de nuestras fuerzas armadas.

No se trata, bajo ninguna circunstancia, de un ataque o crítica al Gobierno de turno -que, dicho sea de paso, bien merecida la tendría-, pero no, en este espacio no me quiero referir a eso para no diluir el verdadero mensaje. Muchos de nosotros, por no decir que la gran mayoría, más allá de emocionarnos y de sentirnos, en forma simplemente condescendiente, conmovidos al ver los actos valerosos, realmente actuamos de una manera inadecuada. ¡Qué falta de solidaridad, qué falta de espíritu de colaboración! Muchos se preguntarán: ¿qué podemos hacer? La respuesta es: muchas cosas. Empezando por el cumplimiento de la ley, siguiendo por un marco de respeto incondicional, real y tangible a nuestros uniformados, y continuando por aportar de forma eficaz a fundaciones y a causas como las que promueve la Fundación Corazón Verde.

No creo que muchos aguantemos un autoexamen honesto y sincero para entender, muy fácilmente, que somos absolutamente pasivos y que, de una u otra manera, nos convertimos de esta forma en cómplices de los delincuentes, de los grupos armados. Cuánto tienen por enseñarnos los policías y los soldados de la patria, cuando desde los campos, desde las ollas del delito, metidos muchas veces en lo peor de nuestra sociedad, luchan para que nosotros podamos mantener un estilo de vida tranquilo y cómodo.

Si verdaderamente existe el pecado, tal vez la indolencia y la ingratitud, manifestadas de su manera más baja -es decir, en un silencio y en un actuar pasivo- deberían ser catalogadas como de los más graves actos pecaminosos.

Como leía en alguna parte, nos vamos envileciendo de tal forma que aceptamos la muerte ajena -y de quienes nos protegen- como una contingencia, como algo intrascendente. Y si bien manifestamos nuestros desacuerdos, nos quedamos ahí. ¿Qué es eso? Respuesta fácil, clara e inequívoca: convertirnos en cómplices.

Sin entrar en ningún tipo de consideración religiosa porque no es, bajo ninguna circunstancia, mi interés, hay que traer una frase del evangelio de San Juan, que dice: “No hay un amor más grande que dar la vida por los amigos”. Si eso es así, ¿cómo se explica lo que hacen nuestros policías y miembros de las fuerzas armadas? Pero más profundo aún: ¿cómo explicamos nuestra indiferencia pasiva?

Admiración total para la Fundación Corazón Verde, sus directivos, personal y todas las personas e instituciones que apoyan a quienes nos cuidan y nos defienden.

Cada uno, en su esquina, más allá de sentir empatía, agradecimiento o admiración, debería manifestarse con actos concretos y tangibles.

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