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Dos amenazas latentes

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Amylkar D. Acosta M. Docente de la Universidad Externado de Colombia

Dos son las principales amenazas que se ciernen y conspiran contra la estabilidad y el mayor crecimiento de la economía colombiana. Una endógena, la pérdida de confianza del consumidor; y otra exógena, el choque externo provocado por la insensata guerra comercial declarada por el presidente de EE.UU., Donald Trump, al resto del mundo.

La confianza del consumidor, que mide Fedesarrollo, después de haber pisado terreno positivo en el mes de marzo, el reporte del mes de abril de este año, el ICC registró un balance de -9,6%, lo cual representa una reducción de 10,7 puntos porcentuales en relación al mismo mes anterior y 11 puntos porcentuales en comparación con el mismo mes de 2018.

Como lo señala un medio económico, “la caída en la confianza de los consumidores frente a marzo de 2019 y abril de 2018 obedece a una disminución tanto en el Índice de expectativas de consumo como en el Índice de condiciones económicas”, especialmente, en los estratos medio y bajo. En el mes de mayo este índice mejoró, registrando un balance del -5%, lo cual representa una mejoría de 4,5 puntos porcentuales con respecto al mes de abril, pero el saldo se mantiene en rojo y muestra un deterioro de 13,9% frente al mismo mes del año anterior. Es de anotar que el promedio histórico del ICC ha sido de un balance de 10. Y no se puede perder de vista que el consumo de los hogares llegó a representar el 72% del PIB (¡!) en el primer trimestre de este año.

Al analizar por componentes de la demanda agregada, las tasas de crecimiento del primer trimestre de 2019 comparadas con las del primer trimestre de 2018, sobresale el bajo valor de las exportaciones, con un aumento de 3,6% en comparación con 13,7% para las importaciones. Al tiempo que el consumo aumentó 3,8%, la inversión bruta subió el 2,8%. Este comportamiento del comercio exterior nos está llevando a un déficit protuberante tanto de la Balanza comercial como de la cuenta corriente de la Balanza de pagos.

Según cifras del Banco de la República, en los primeros cuatro meses del año las exportaciones fueron del orden de los US$13.460 millones y las importaciones US$16.282 millones, elevando el déficit de la Balanza comercial en US$1.326 millones, al pasar de US$1.495 millones a US$2.822 millones. Entre tanto, el déficit en cuenta corriente de la Balanza de pagos pasó de US$10.296 millones en 2017 a US$12.661 millones en 2018, pasando de representar el 3,3% al 3,8% del PIB, que no deja de ser alarmante. Dicho déficit en el primer trimestre de este año fue de US$3.158 millones, US$808 millones más con respecto al primer trimestre del año anterior. Por ello, no es de extrañar que para 2019 se pronostique un déficit aún mayor, del 4,3% (¡!).

Es evidente, entonces, que la economía colombiana acusa una gran vulnerabilidad en su sector externo, en un entorno que la economista jefe del FMI Gita Gopinath calificó como “incierto y cambiante”. Es de anotar a este propósito que la tasa de cambio del peso colombiano se ha caracterizado por los cambios extremos, devaluándose o revaluándose más que el resto de países, con todas sus consecuencias. Junto con la moneda de Turquía y Argentina, el peso colombiano ha sido una de las más devaluadas del planeta en los últimos meses. Y no hay que olvidar que, como lo sostiene la revista Dinero, “la amenaza de un choque externo puede concretarse y, por la vía de la escasez de divisas para comprar importaciones, el aparato productivo sentirá un duro golpe”.

Como es bien sabido, de acuerdo con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, la economía global se encuentra ante una “coyuntura delicada” a consecuencia de la guerra comercial que el presidente Trump le declaró al resto del mundo. So pretexto de defender a la potencia del Norte de los demás países que, según sus desvaríos, se han “aprovechado” de ella, con su consigna “Estados Unidos primero” como gonfalón, ha venido implementando una política proteccionista hostil utilizando los aranceles como su arma principal. Aunque su blanco principal es China, con el que libra una rivalidad por el predominio tecnológico, ni los propios aliados históricos de EE.UU. han escapado a la estolidez del incómodo inquilino de la Casa Blanca, lo que no es de extrañar, habida cuenta que, como lo dejó sentado John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwight Eisenhower en los años 50 del siglo XX, “¡Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses!”.

No falta quienes se hacen ilusiones, pensando que Colombia puede sacar provecho de esa disputa comercial entre los dos gigantes. María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo-Americana, afirma sin pestañear siquiera, que “se han identificado, en estos nuevos aranceles, al menos 740 productos que Colombia exporta a EE.UU. y que podrían aumentar sus ventas a ese mercado”. Pero, lo que ya se empezó a sentir es que tales aranceles dan lugar a la desviación del comercio, cambiando el destino de las exportaciones chinas desde EE.UU. hacia otros países, entre ellos Colombia, deteriorando aún más la balanza comercial con China, nuestro segundo socio comercial en importancia, ya de por sí deficitaria, agudizando de paso el enorme déficit de la cuenta corriente, pues al tiempo que exportamos US$4.000 millones, aproximadamente, importamos alrededor de los US$10.000 millones. De allí, la advertencia del presidente de Analdex, Javier Díaz, en el sentido que “muchos de los productos chinos que no pueden entrar a EE.UU., ahora querrán traerlos a Colombia a precios excesivamente bajos”.

Y conociendo de las veleidades y los caprichos de Trump, sobre todo después de la amenaza contra México, que es su socio y vecino, Colombia está a un solo trino de ser descertificado por EE.UU. pretextando el aumento de las áreas de cultivos de coca en su territorio. Bien dice el adagio, cuando las barbas de tu vecino ves arder, ¡pon las tuyas en remojo!

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