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Es evidente que la comunicación social y política en Colombia adolece de altos grados de toxicidad, suspicacia, exageraciones y omisiones que ciertamente dificultan el proceso de construir una comunidad de propósito como país y una comunión de sentido como nación.
Uno, entre muchos síntomas de la realidad descrita en el párrafo anterior, radica en la sobredosis de fobias y de filias, asumidas con cierto automatismo, en virtud de sesgos ideológicos, por parte de diversos sectores de la vida social, económica, política y cultural de nuestro país.
En la mayoría de casos, las filias que profesan algunas personas se confirman por una fobia complementaria, o viceversa, lo que configura un deterioro en el trámite de ideas que terminan reducidas a corralejas ideológicas; las ideologías son a las ideas, lo que la pornografía al erotismo, un envilecimiento, un reduccionismo, una pauperización, cuota inicial de sutiles o tangibles violencias.
Si decidimos hacernos filobolivarianos, casi que nos han enseñado que automáticamente debemos tener fobias contra Santander y viceversa.
Si somos filofederalistas hay que mostrar fobia a cualquier expresión central en asuntos propios de la gestión territorial.
Si somos filolibremercado tenemos que predicar ser estadofóbicos; si somos filoestatistas tenemos que que vociferar arengas de mercadofobia.
Hay filias y fobias que afectan el abordaje ponderado y constructivo de temas étnicos, religiosos, migratorios, económicos e identitarios. El lector a su criterio puede identificar diversas filias y fobias que se manifiestan en la trama social del país y en sus particulares contextos.
Toda filia y toda fobia, agenciadas desde las tribunas fanáticas de las ideologías, producen patologías psicosociales de insospechadas consecuencias políticas que hacen insostenible la convivencia social.
El ejercicio entusiasta de una u otra tampoco arroja luces en la solución de problemas éticamente necesarios de resolver y que revisten gran complejidad; y a manera de ejemplo, se puede afirmar que ni la aporofobia de unos, ni la filopobrecía, casi aporolatría, de otros, han permitido resolver de raíz los problemas asociados a la pobreza a nivel local y a nivel global.
Abocados ineludiblemente como estamos a la práctica de la comunicación social y política a fin de crear comunidad de propósito y comunión de sentido, es importante un acuerdo de todos que propenda por reducir y neutralizar fobias y filias ( también algunas latrías) de nuestro dispositivos educativos, culturales, mediáticos, políticos, económicos, si queremos hacer una apuesta consciente por una democracia sostenible y una convivencia edificante.
El gobierno decidió acabar su financiación de Colfuturo, una entidad que por más de 30 años brindó a más de 25,000 colombianos la oportunidad de estudiar posgrados en el exterior. Decidieron hacerlo en el momento en que como país necesitamos mirar hacia afuera
El mundo necesita economías fuertes, sí; pero también necesita personas con esperanza, propósito y gratitud. Y eso, créalo, también mueve el PIB de la vida.
En términos de urgencia, la prioridad debe ser la asignación de nueva capacidad que no tiene un límite intrínseco diferente al costo de expansión del sistema, perfectamente gestionable con planeación y señales económicas claras