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En la vorágine de informes trimestrales, métricas de desempeño y exigencias regulatorias, existe un riesgo silencioso que acecha a las juntas directivas latinoamericanas: la desconexión progresiva del propósito fundamental que da sentido a la existencia de la organización.
La amnesia del propósito
Sin una intervención consciente, las juntas directivas tienden a deslizarse hacia un estado donde las decisiones se evalúan exclusivamente por criterios técnicos, financieros o legales, olvidando preguntarse: ¿Cómo contribuye esto al propósito que nos define? Esta amnesia no es trivial. La investigación muestra que las organizaciones con fuerte conexión a su propósito superan consistentemente a sus pares en rentabilidad, resiliencia y capacidad de atraer talento.
En el contexto latinoamericano, donde muchas empresas nacieron con propósitos vinculados a los valores de una familia, al desarrollo regional o a transformaciones sociales, esta desconexión puede ser particularmente costosa. Empresas que durante décadas fueron sinónimo de progreso social o desarrollo comunitario arriesgan convertirse en máquinas financieras sin alma.
La presidencia como ancla propositiva
La presidencia de la Junta tiene una responsabilidad distintiva: ser el guardián del propósito, asegurando que todas las deliberaciones mantengan visible la razón de ser de la organización. Este rol implica tres funciones esenciales: traducir el propósito abstracto en preguntas concretas que guíen cada decisión, verificar que las acciones aprobadas estén alineadas con el propósito declarado, y facilitar la evolución del propósito sin perder su esencia.
¿Cómo ejercer efectivamente este rol? Algunos mecanismos probados incluyen reservar un espacio en cada reunión para reflexionar explícitamente sobre la conexión entre las decisiones tomadas y el propósito. Desarrollar una o dos preguntas específicas que el presidente formula consistentemente antes de decisiones importantes. Examinar periódicamente la distancia entre las acciones reales y el propósito declarado, identificando correcciones necesarias.
La dimensión regional
En nuestra región del mundo, las empresas frecuentemente tienen raíces profundas en comunidades específicas y tradiciones familiares. El propósito aquí tiene dimensiones únicas: el legado transgeneracional en empresas familiares, la contribución al desarrollo de países aún en consolidación, la responsabilidad histórica hacia comunidades locales, y la adaptación de propósitos originales a realidades globalizadas.
Considere el caso de empresas familiares que iniciaron como proveedores regionales y hoy operan internacionalmente ¿Cómo mantener la conexión con el propósito original mientras se navegan mercados globales? La respuesta no está en abandonar el propósito, sino en reinterpretarlo conscientemente para el nuevo contexto.
El poder transformador
Mantener vivo el propósito no es un ejercicio filosófico abstracto. Es una herramienta práctica de alineación estratégica. Cuando los miembros de juntas directivas comprenden y abrazan el propósito organizacional, las decisiones se vuelven más coherentes, la comunicación más auténtica, y la capacidad de navegación en crisis se fortalece considerablemente.
En un mundo de presiones cortoplacistas y métricas inmediatas, ser el guardián del “para qué” es un acto de liderazgo trascendente. La presidencia que ejerce efectivamente este rol no solo protege la identidad organizacional, sino que la convierte en ventaja competitiva sostenible.
Como presidente, su capacidad para mantener vivo y operativo el propósito organizacional es quizás la contribución más duradera que puede hacer a la organización que sirve. En cada decisión, en cada debate estratégico, la pregunta fundamental permanece: ¿estamos siendo fieles a la razón por la cual existimos?
P.D. Si no puede explicar en dos frases cómo la última decisión estratégica de su Junta conecta con el propósito organizacional, es probable que ya esté navegando a la deriva.
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