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Analistas 14/08/2021

El carácter es todo

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School

“Tengo un sueño…, que mis cuatro hijos pequeños algún día vivan en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter”. Esta frase, pronunciada por Martin Luther King en un discurso memorable el 28 de agosto de 1963 frente al Capitolio de los Estados Unidos, ha sido citada en innumerables ocasiones como expresión de igualdad. Sin embargo, como sugiere el propio reverendo King, quisiera resaltar la preeminencia del carácter sobre otras cualidades de la persona. ¿Por qué MLK no escogió otros criterios para juzgar a sus hijos como, por ejemplo, la inteligencia, los éxitos profesionales o cualquier otro? ¿Por qué el carácter es tan importante? Uno de los primeros en destacar la importancia del carácter fue Platón, quien ilustra su idea sobre el conflicto entre el bien y el mal en el interior del alma, por medio del mito del carro alado. En esta metáfora compara el alma humana con el conductor o auriga que conduce un carro tirado por dos caballos alados: uno es blanco, virtuoso y de casta noble; mientras que el otro es negro, rebelde y desenfrenado. El blanco busca el cielo y las nubes y el negro persigue la tierra. Ambos caballos son necesarios por su fuerza y poderío para correr al unísono a toda velocidad, pero la conducción es difícil y problemática y el auriga está en constante tensión.

Pues bien, el conductor del carro personifica la inteligencia o parte racional que debe llevar las riendas y guiar el alma hacia la verdad; el caballo negro simboliza las pasiones que, si no están bien dirigidas, halan del carro para abajo y, por último, el caballo blanco representa el carácter, y su impulso guía el vuelo del alma para realizar buenas acciones.

En cierto modo, se entiende que el caballo negro es de naturaleza rebelde y en cualquier momento puede desbocarse. Cuando esto sucede, el auriga utiliza el látigo y se apoya en el caballo blanco para equilibrar las fuerzas y reconducir el carro hacia su destino. Sin embargo, un problema más complejo de resolver sucederá si, inesperadamente, el caballo blanco se rebela, soliviantando además al caballo negro. En este caso, el desastre del carro alado sería inevitable pues si falla el carácter, falla la mitad del destino…

El carácter es el “yo” verdadero, resultado de nuestro temperamento natural, modificado con la formación recibida, influido por el contexto cultural y autoafirmado por nuestras actitudes, creencias, valores y motivaciones. Sin el esfuerzo necesario para orientar y templar el carácter, la personalidad se desdibuja e incluso se desmorona y las metas e ideales resultan inalcanzables.

Cuando falta el carácter, el caballo negro toma el mando y entonces ni siquiera la inteligencia, el auriga de la historia, es capaz de retomar el control de la situación. Por eso, el carácter es el caballo blanco que debe ser cuidado, moderado y entrenado para que dirija toda su potencia en la dirección correcta, porque muchas veces olvidamos que el temperamento es una poderosa realidad humana que nos impulsa o cohíbe en nuestro actuar.

En la configuración del carácter, los primeros años de vida tienen una influencia muy destacada. Así ocurre en la vida de todo ser humano. Por ese motivo, estoy seguro de que Martin Luther King se sentía orgulloso de la formación que le dio al carácter de sus hijos. Porque al final el carácter o la falta de carácter, es todo.