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Coronavirus, ¿egoísmo o heroísmo?

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Alfonso Aza Jácome Profesor de Inalde Business School

Los recientes acontecimientos que han copado los titulares de los medios de comunicación por el coronavirus, y las contundentes disposiciones de los gobiernos para intentar atajar la expansión de la pandemia, han reconfigurado en pocos días el entorno económico, político y social de la mayor parte del mundo, generando una gran incertidumbre.

Mientras tanto, nos devanamos los sesos intentando comprender lo que sucede, pues consideramos que debe haber una explicación lógica detrás de todas esas noticias que nos permitan descubrir las verdaderas causas de los hechos.

Las explicaciones no tardaron en aparecer, pero varían dependiendo de quién sea el que las dé. Comenzaron señalando a la población china por comer perros o murciélagos. De esta forma, como sugiere Bernard-Henry Levy, los que reniegan de la globalización encontraron la excusa perfecta para que regresen de ese país las industrias y capitales. Mientras, para los profetas de la ecología punitiva, defensores de mitigar la huella de carbono producida por los aviones, los vuelos no son más que crímenes contra el planeta y caldo de cultivo para las bacterias, que viajan ahora surcando los cielos. También los xenófobos y soberanistas se felicitan porque el coronavirus legitima sus sospechas por todo lo que circula atravesando fronteras y declaran en cuarentena política y comercial a países enteros.

Otros quieren una sociedad eugenésica sin ancianos ni desvalidos, que resuelva para siempre el desequilibrio pensional y, paradójicamente, lo podría conseguir Alemania, si se cumple el pronóstico de Ángela Merkel, quien dijo que hasta 70% de sus compatriotas podrían contagiarse. O, ¿qué decir de los que exigen el aislamiento como antídoto a la propagación del virus? Pronto viviremos en un mundo donde estar solo en casa será suficiente para lograr la felicidad.

Hay algunas personas que cuando explican los acontecimientos, pareciera que están repitiendo convencionalismos con una visión egoísta de la realidad, pues pasan fácilmente de la psicosis a la indiferencia. Se percibe que la verdad se presenta convenientemente retocada, ignorando las dimensiones difíciles y dolorosas de cientos de miles de personas. Por eso, los profetas de la fatalidad gozan cuando el Covid-19 presenta hechos que desbaratan cualquier explicación, como si del Apocalipsis se tratara.

La búsqueda de la realidad sin maquillajes puede hacer olvidar que lo real no es solamente lo meramente fáctico. La dosis de indignación que estas situaciones generan es la evidencia de que hace falta una llamada a la generosidad y al heroísmo, especialmente, para los que trabajan en instituciones de salud, orden público y servicios sociales, comprometidos con valentía en luchar esta batalla de manera competente y desinteresada.

Incluso, de forma menos ambiciosa pero más concreta, es posible que los ensayos masivos de teletrabajo que algunas empresas están desarrollando para evitar el contagio entre sus empleados, acaben por consolidar una nueva forma de trabajo más eficiente y humana. La educación a distancia o la telemedicina, también utilizadas ampliamente estos días, evidenciarán nuevos campos de actuación con menores costos y mayor cobertura.

Por tanto, enfrentemos este desafío con generosidad, pero, sobre todo, con un esfuerzo por buscar la verdad en lugar de vivir de conjeturas y especulaciones.

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