.
TRIBUNA EMPRESARIAL 25/07/2026

San Cristóbal ya vuela

Alejandro Zambrano
Gerente general de Doppelmayr Colombia

Hay momentos en los que una obra deja de ser una promesa y empieza a sentirse como una realidad. En infraestructura, ese cambio no siempre ocurre el día de la inauguración. A veces sucede antes, cuando las estaciones toman forma, cuando las cabinas llegan al sistema y, sobre todo, cuando empiezan a moverse.

Eso es lo que ocurre hoy con el TransMiCable de San Cristóbal. Después de años de trabajo técnico, coordinación institucional y ejecución en un territorio complejo, el proyecto entró en su etapa final de pruebas. Las cabinas ya circulan por primera vez sobre el sistema, marcando el arranque de las pruebas finales, un hito que va mucho más allá de la ingeniería.

Hace unos meses escribíamos que la última milla estaba cerca de llegar a San Cristóbal. Hoy podemos decir que esa última milla ya empezó a moverse. El sistema contará con 144 cabinas en operación, conectará el Portal 20 de Julio con La Victoria y Altamira, y permitirá movilizar miles de personas cada día. Su impacto será especialmente relevante para quienes hoy deben enfrentar desplazamientos de más de media hora para acceder a puntos de conexión del transporte público y que, con el cable, podrán reducir significativamente esos tiempos.

Pero el beneficio no está solo en los minutos ahorrados. En movilidad urbana, el tiempo tiene una dimensión social profunda. Menos tiempo en desplazamientos significa más tiempo para trabajar, estudiar, descansar, cuidar y compartir. Significa también menos incertidumbre en la rutina diaria y una relación más digna con la ciudad. Cuando una infraestructura logra eso, deja de ser únicamente un proyecto de transporte y se convierte en una herramienta de inclusión.

San Cristóbal también confirma por qué el transporte por cable tiene tanto sentido en ciudades latinoamericanas. Nuestras ciudades crecieron sobre territorios donde las soluciones tradicionales no siempre son suficientes. Allí donde ampliar una vía puede ser costoso, lento o urbanísticamente complejo, el cable aéreo permite conectar de manera eficiente, con menor huella sobre el territorio y con una operación limpia y continua.

Por eso, estas pruebas no son un simple trámite técnico. Son una etapa indispensable para garantizar que el sistema opere con seguridad, confiabilidad y calidad para los ciudadanos. Pero ver las cabinas en movimiento también cambia la percepción de una obra. Para los vecinos, ya no se trata solo de estaciones en construcción o torres levantadas en el paisaje urbano. Se trata de un sistema que empieza a integrarse visual y emocionalmente a la vida del territorio. La movilidad deja de ser una promesa futura y empieza a convertirse en una expectativa concreta.

Bogotá ya conoce el poder transformador de los cables urbanos. Ciudad Bolívar demostró que esta infraestructura puede cambiar la vida cotidiana de miles de personas, conectar barrios históricamente aislados y abrir nuevas oportunidades alrededor del sistema. San Cristóbal recoge ese aprendizaje y lo proyecta hacia otra zona de la ciudad que necesitaba una solución adaptada a su topografía y a sus desafíos de acceso.

Hoy, San Cristóbal está en la recta final. Las cabinas ya están en movimiento y, con ellas, también empieza a moverse una nueva etapa para la movilidad del suroriente de Bogotá. Pero este hito no debe leerse como un punto final. Después vendrán nuevos retos y nuevos proyectos, entre ellos Potosí, que ampliará esta visión de conectividad. Porque cada cabina que empieza a volar nos recuerda algo fundamental: la movilidad no se mide solo en kilómetros recorridos, sino en oportunidades que se acercan.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA