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Sobre liderazgo y humildad

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En estos días, un ejecutivo en Dubái me llamó quejándose que su compañía había reasignado sus responsabilidades. Él vivió esto como una degradación de su rol e importancia dentro de la organización. Se sintió ofendido, y estaba pensando en renunciar. Lo escuché detenidamente y le conté la historia del exgerente de Google, Eric Schmidt.

Cuando la compañía de Silicon Valley estaba considerando hacerse pública, los miembros del consejo consideraron oportuno nombrar a un nuevo presidente de la junta. De hecho, en aquel momento Eric Schmidt ocupaba el doble cargo de presidente y de gerente general. Finalmente, el consejo le pidió a Schmidt que renunciara, pero que mantuviera el cargo de CEO. Schmidt se sintió afectado por aquella decisión. Sentía que había hecho un buen trabajo en sus tres años como presidente y gerente general, y, por lo que él sabía, el consejo estaba de acuerdo con su línea. Se había ganado la confianza de los fundadores y empleados, la compañía había tenido un muy buen desempeño y estaba a punto de hacerse pública. ¿Y por esto querían destituirlo como presidente?

Eric Schmidt llamó a su coach ejecutivo, el legendario Bill Campbell, quien después de haber sido el CEO de Intel, fue durante muchos años el coach de Google y de otras figuras icónicas de Silicon Valley, incluyendo a Steve Jobs. Campbell se preocupó de que la decisión del consejo de Google y la reacción de Schmidt pudieran crear una ruptura irreparable dentro del equipo de tecnología más importante, y no lo podía permitir. Por su pasado como entrenador de béisbol, Campbell era un coach de equipos. Recuerda hoy Eric Schmidt, “[Campbell] se dedicó a construir equipos, les dio forma, puso a los jugadores correctos en las posiciones correctas (y eliminó a los jugadores equivocados de las posiciones equivocadas), los animó y les dio una patada en el trasero colectivo cuando estaban por debajo del rendimiento. Sabía, como decía a menudo, que no se puede hacer nada sin un equipo”. Los equipos no tienen éxito a menos que cada miembro sea leal y, cuando sea necesario, someter su agenda personal por la del equipo. Que el equipo gane tiene que ser lo más importante. Campbell comprendió que Schmidt estaba molesto, pero también sabía que el equipo necesitaba que se quedara.

Lo invitó a que fuera humilde, y apeló a su lealtad con Google, y lo convenció de quedarse como gerente general. Cuando llegara el momento adecuado, cuando terminara la OPI y las emociones se hubieran calmado, Campbell prometió que defendería a Eric para que volviera como presidente. Fue exactamente lo que sucedió.

La humildad es una virtud clave del liderazgo y del ser parte de un equipo. El liderazgo no es acerca del líder, sino que se trata de servir a un propósito y una realidad más grande: la empresa y el equipo. Por eso se habla de un liderazgo de servicio. Al ejecutivo de Dubái que me escuchaba, le sugerí que pensara en quienes querían permanecer leales, y que además de sus necesidades, considerara a las de la empresa, a la cual había dedicado la mayor parte de su carrera.

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