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¿Cuál es tu “Ikigai”?

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Durante un almuerzo en un elegante restaurante de Bogotá, la gerente de una IPS sacó su celular. “Te quiero mostrar una foto”, me dijo. En la pantalla de su iPhone vi a un bebé delgado, frágil, entubado. Sentí compasión por esta pequeña creatura y me pregunté si todavía tendría vida. “Ahora mira esta foto”, me dijo la gerente. Ahora, veía al mismo niño después de unos meses, aparentaba mucha más fuerza y una mirada llena de vitalidad. “Son historias como estas las que me motivan cada día”, me dijo la gerente, mientras me explicaba como el servicio de su empresa de salud, Best Home Care, llega a las veredas más lejanas de los territorios cubiertos por sus servicios.

Cuando escuché a la gerente revelar el propósito más alto de su compromiso diario, pensé en el principio de sabiduría japonesa conocido como Ikigai, cuya traducción significa “tu razón para vivir”. Dicho de otra manera, se trata de tu propósito, de la motivación interna que tienes para ejercer una actividad profesional específica. Por eso, en la isla de Okinawa, Ikigai es considerado como el secreto de la longevidad, y está conformado por la combinación de cuatro elementos: lo que te apasiona en la vida, el conjunto de tus habilidades, como te ganas la vida, y lo que el mundo necesita. En Japón muchos consideran que todos tenemos un Ikigai, o sea un destino que estamos llamados cumplir. En la búsqueda de este cumplimento está el secreto de la felicidad. Además, está comprobado que las empresas que hoy desarrollan un propósito organizacional, y que son capaces de alinearlo con el propósito individual de sus empleados, son las empresas que registran un rendimiento y una productividad más altos. Asimismo, más allá de aumentar las ganancias también tienen una mayor incidencia positiva en la sociedad.

Tener claridad de propósito significa también propiciar el enfoque de la mente y lograr el dominio de unas habilidades. Durante su exploración sobre el Ikigai en Okinawa, Héctor García Puigcerver y Francesc Miralles, en una fábrica de pinceles, conocieron a una artesana que dedicó toda su vida al perfeccionamiento del arte de unir cerdas individuales a un cepillo. En esta etapa de su carrera, sabía hacer su trabajo con una destreza asombrosa, producto de aplicar su mente durante décadas a esta habilidad específica. Esta atención y enfoque le propició la longevidad a esta mujer. No hay que sorprenderse, dado que está científicamente comprobado que un gran enfoque no solamente aumenta el rendimiento sino también baja los niveles de estrés y en consecuencia previene las enfermedades cardiovasculares. De hecho, con el aumento de la productividad, también crecen la vitalidad, el bienestar, y la felicidad.

De esto terminé hablando con la gerente de Best Home Care durante el almuerzo; de cómo el entrelazamiento entre propósito y enfoque fortalece en toda una organización el sentido de responsabilidad, de pertenencia, de misión. Porque es una dósis mayor de energía y de vitalidad que alimenta el éxito en todos sus aspectos. En otras palabras, hay que tener un “ikigai” en la vida de las empresas.

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