Analistas 22/12/2018

¿Cooperar con el enemigo?

Un día, una alta gerente de una reconocida marca de productos de belleza me invitó a conversar con ella en su oficina en NuevaYork. Su empresa estaba pasando por una serie de fusiones. Debido a eso, había mucha fricción entre los empleados. Además, la organización tiene una cultura organizacional marcada por la competición entre departamentos y empleados. Todo esto estaba afectando el rendimiento. “¿Cómo superar el conflicto y cooperar más?”, me preguntó mi interlocutora.

La cooperación se está volviendo un tema cada vez más importante para las empresas. En estos días, el gerente general de una de la más grandes y exitosas compañías colombianas me comentaba que uno de los más grandes desafíos que estaba enfrentando es la colaboración con socios extranjeros, quienes tienen una cultura de management distinta a la de sus gerentes aquí en Colombia. No hay duda de que en un mundo cada vez más interdependiente y complejo, la comunicación intercultural es una de las fronteras del liderazgo empresarial.

Si en la actualidad la cooperación es considerada como necesaria para garantizar el alto rendimiento (y hasta la sobrevivencia de un negocio) dentro de las organizaciones y el mercado, es porque otros enfoques se han quedado cortos y son ineficaces. En otras palabras, esto se debe a que otras estrategias no han dado el resultado esperado; como el forzar una posición porque se cree estar en lo correcto; o adaptarse a las circunstancias porque se piensa que no se puede cambiar; o abandonar el camino, rompiendo relaciones con socios, compañeros y colegas porque la frustración se torna en decepción. Entonces, la cooperación se revela como la panacea, como el último recurso disponible.

Pero, ¿cómo cooperar con quienes percibimos tan distintos a nosotros que incluso nos hacen pensar que la misma cooperación sería imposible? En otras palabras, ¿es posible cooperar con el “enemigo”? En su más reciente libro, Adam Khane, un experto internacional en resolución de conflictos, admite que actualmente cooperar es al mismo tiempo necesario y difícil, sobre todo en nuestro contexto tan polarizado, donde las redes sociales incentivan la identificación radical de aquellos que tienen la misma opinión, al mismo tiempo que convierten en enemigo a aquel que es diferente. Por eso hoy la cooperación tiene que ser vista como un acto de co-creación, que no radica en la ausencia del conflicto, sino que descubre en el conflicto una oportunidad. Dice Kahane que eso es posible cuando reconocemos que no es necesario el acuerdo alrededor de una verdad o de una solución única. En otras palabras, hay que aceptar y asumir el conflicto, reconociendo las necesidades de todos los involucrados, al mismo tiempo que atendemos conjuntamente a un bien más grande. Este doble objetivo, dice Bárbara Dalle Pezze, experta de cooperación intercultural, permite superar el miedo a perder la propia identidad y de trabajar con aquel que es diferente de manera asertiva y cooperativa al mismo tiempo.