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Y entonces, ¿cerramos la economía?

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Hace unos días andaba con un pensamiento estilo Ayn Rand, y me preguntaba lo siguiente: ¿Qué tal si más bien cambiamos todos y avanzamos la sociedad hacia un norte más “justo”, de la mano de ponerle coto a la competencia, para de esa forma evitar que haya destrucción de empleos? ¿Qué tal si, por ejemplo, para asegurar el trabajo de Alberto Bernal el gobierno decide que el analista en cuestión reciba la información relevante de mercados antes de que la reciban los otros analistas de mercado que sacaron mejores notas en la facultad de economía, para que de esa forma el señor Bernal tenga alguna capacidad de difundir informes de mercado con calidad cercana a la que sacan los analistas más certeros?

¿Qué tal, también, si el gobierno decide prohibir la entrada de helados extranjeros al país, para así asegurar que los colombianos solo puedan consumir paletas nacionales? ¿O qué tal si el gobierno prohibe que el Citibank haga negocios en Colombia, para así evitar que los grupos financieros nacionales tengan que ajustar su estructura laboral? Sin duda alguna, con esos salvaguardas, el empleo nacional no se vería afectado, dirían algunos renombrados senadores.

Me trae esto a la noticia de que la multinacional Mondolez, la productora de chicles Adams, se va de Colombia. La multinacional tomó la decisión de cerrar su planta de Cali, con la intención de manufacturar los productos de ahora en adelante en México, según entiendo. Dice la prensa que la decisión de irse de Colombia obedece a los altos costos de la materia prima que existen en el país. ¿Ahora, por qué razón es que los costos del azúcar en Colombia son más altos que en el Perú? Por muchas razones, comenzando por la deficiente infraestructura, los altísimos impuestos corporativos que cobra Colombia, y, quizás más relevante aún, el hecho de que una empresa como Mondolez tenga que pagarle indemnizaciones a algunos de sus empleados que alcanzan hasta los $1.000 millones, por haber tomado la decisión de cerrar su planta. Que una corporación tenga que pagarle US$400.000 a un empleado porque decide cerrar la operación significa solo una cosa: que en Colombia crear industria es excesivamente oneroso.

Ya a esta altura algunos lectores seguramente me habrán deseado la muerte prematura por enésima vez. Pero la evidencia es inequívoca. ¿Si para ganar 100, usted puede llegar a perder 200, usted si invertiría? Seamos honestos, la única forma de lograr que la inversión llegue en masa a Colombia es reduciendo radicalmente el riesgo que lleva el inversionista. Si el inversionista invierte 100, ese inversionista solo debe correr el riesgo de perder 100, no 200. Es simple sentido común.

La solución de algunos “intelectuales” ante la salida de Mondolez de Colombia es cerrar la competencia, mejor dicho, derogar el TLC que tiene Colombia con México. Y ya entrados en gastos, derogar el TLC con EE.UU. “Hay que defender el empleo nacional”, dicen los críticos de la economía moderna. No. A punta de venderle productos a solo 46 millones de personas, con un PIB que solo alcanza los US$380.000 millones, no saldremos de la pobreza. El mundo avanza sin mirar atrás, nos guste o no (vean lo que está pasando en Asia). La única opción que tiene Colombia es mejorar YA MISMO su nivel de competitividad. ¿Cómo? Muy sencillo: a punta de neoliberalismo (facilitar más el despido de empleados, disminuir más los costos laborales, bajar los impuestos corporativos, etc., etc.). ¿No concuerda? Pregunta, ¿si mañana le diagnostican cáncer y tiene la posibilidad de tratarse en el MD Anderson o en el San Juan de Dios, cual opción escogería? 

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