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Una tragedia innecesaria

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Las cosas pasan. Se cometen errores garrafales en la vida, las enfermedades nos aquejan, las tragedias naturales nos hacen sufrir, el desempleo nos sorprende. Es la vida, nada que hacer. Lo que es realmente inaceptable es que la motivación de una tragedia sea la fijación ideológica del individuo. Alexis Tsipras, el flamante primer ministro de Grecia, es un individuo de gran carisma, buena pinta, según dicen las mujeres, y de una personalidad cargada de ideología. Me cuenta mi gran amigo Charles Calomiris, intelectual de la escuela de negocios de la Universidad de Columbia en New York, que Tsipras le puso a su segundo hijo Ernesto, en honor a Ernesto “Che” Guevara. También me cuenta Charlie que Tspiras tiene en su oficina abundante parafernalia del “Che”.

Para algunos ese hecho (lo de la fijación con el “Che”) es irrelevante. Para otros, como yo, ese hecho es realmente trágico. Trágico porque no puede ser que a esta altura del partido, después de haber visto y vivido las tragedias humanas que fueron la completa implosión de la Unión Soviética, y después de ver la tragedia en la que se ha convertido la revolución bolivariana, siga habiendo personas que siguen convencidas de que el comunismo es un camino válido al desarrollo. En mi opinión, el señor Tsipras no es un simple demagogo; es más que eso, es una persona que de verdad piensa que vino a este mundo con un “plan de acción” para destruir la disciplina fiscal esbozada por el CDU de Alemania, y su cabeza, Ángela Merkel.

Pero todo parece indicar que el Primer Ministro Tsipras parece haber sobreestimado su mano en la mesa de juego. Todo parece indicar, al menos juzgando por cómo se han comportado los mercados financieros, que al mundo ya no le importa lo que vaya a suceder con Grecia. El mundo de 2015 ya no es el mundo de 2012. En 2012, el riesgo de implosión de la zona euro bajo un escenario de Grexit (salida de Grecia del Euro) era muy alto, porque España, Portugal, Irlanda e Italia estaban en una situación financiera y fiscal muy precaria. Hoy en día la situación es diametralmente diferente. Por ejemplo, Irlanda es una impresionante historia de éxito (los bonos a 10 años de Irlanda hoy en día apenas rinden 1,5%), y España está demostrando una impresionante capacidad para exportar manufactura y servicios.

El punto acá es que como al mundo simplemente ya no le importa lo que pase con Grecia, entonces al señor Tsipras le va a tocar tomar decisiones de alto calibre político. ¿Está dispuesto el señor Tsipras de sacar a Grecia de la zona Euro, solo para mandar al diablo a Ángela Merkel? A propósito, por si acaso no lo sabe el lector, lo más “agresivo y neoliberal” que le está pidiendo Alemania a Grecia es que suba su edad de retiro a 67 años, porque los alemanes se retiran a los 67 años. ¿Es eso mucho pedir? ¿Tiene derecho mi primo varado de ponerse de mal genio conmigo porque le regalo un Chevrolet Corsa y no un BMW, cuando yo manejo un Chevrolet Corsa? ¡¿Hasta donde hemos llegado, señores?!

Por el bien de los niños de Grecia, ojalá el Primer Ministro Tsipras sepa entender que sus opciones hoy en día son realmente limitadas. O Tsipras acepta subir la edad de retiro a 67 años, o los pensionados de su país van a pasar de recibir €600 por mes a recibir 600 Dracmas por mes, que valdrán €200 en el mejor de los escenarios. No vale la pena empobrecer al pueblo en nombre de la ideología. Ya estamos muy grandecitos como para seguir con la misma cosa.
 

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